Desde que el partido Popular obtuviera un claro y mayoritario apoyo de los ciudadanos españoles en los comicios municipales y autonómicos, primero, y después en las elecciones generales del año pasado, sus responsables de gobernar en todos los ámbitos, iniciaron un proceso de cambios y reformas estructurales y económicas, que, entre otros aspectos, están afectando, y seguirán haciéndolo, dependiendo de los Presupuestos Generales que se han presentado recientemente, en gran medida a todo el sector de servicios públicos.

No voy a cuestionar ahora las bondades ó maldades de ese paquete de reformas, pero sí que quiero comentar las declaraciones, para mí poco afortunadas, que han ido produciéndose cada vez que estos responsables políticos querían justificar sus medidas de ajuste.

La primera en discordia, más ó menos, y que generó gran polémica y el rechazo de profesores de todos los niveles de enseñanza pública en la comunidad de Madrid y en el resto de España, fue , cuando al proponer una subida de la dedicación de los profesores de primaria y secundaria, la justificaba asegurando que “20 horas son en general menos que los que trabajan el resto de los madrileños”, e insinuando que solo trabajan ese tiempo.

Esta forma de actuar parece que caló en los dirigentes políticos y desde entonces hasta ahora, cada vez que se ponía en marcha un paquete de medidas que afectaban sobre todo a los empleados públicos, se nos ha tachado, entre otros calificativos, de privilegiados (por ejemplo, nuestra presidenta, Mª ) por tener trabajo frente a otros que no lo tienen, y si manifestabas tu total oposición porque parece que estos ajustes no parecen tener fin ó porque a la hora de recortar, las cuentas siempre las redondean con estos trabajadores y profesionales del sector público, entonces somos irresponsables y poco solidarios con los que menos tienen.

La semana pasada, parece que varios gobernantes autonómicos y estatales se pusieron de acuerdo para confluir en este tipo de declaraciones. Sirva como ejemplo la frase del Sr. , Secretario de Estado de Administraciones Públicas, a propósito de su propuesta de aumentar la dedicación de los funcionarios autonómicos de que “El funcionario debe olvidarse del café y del periódico y ser más productivo”. Ó de las nuestro Consejero de Sanidad y Servicios Sociales, , al decirle a los médicos castellano-manchegos que “Arrimen el hombro y trabajen más que nunca y que eludan el egoísmo personal y el mirarse al ombligo”.

Estas afirmaciones, a pesar de diferentes disculpas y rectificaciones, han ocasionado gran rechazo en los diferentes colectivos de profesionales (véase como ejemplo el manifiesto del ). Ó, por otro lado, y fijándonos en el ámbito universitario, que es el más cercano a nosotros, la presentación del comunicado de la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas del día 17 de Abril, en el que manifiestan su preocupación por las declaraciones del Ministro Wert sobre el Sistema Universitario Español y cuestionan los datos y el diagnóstico que él maneja al anunciar la reforma de ese sistema.

Y frente a esta situación, yo repito la pregunta que encabeza este artículo ¿Era necesario dudar de la profesionalidad de los empleados públicos? Yo creo que no y por varias razones.

Primero, porque “meter a todos en el mismo saco”, en el saco de los vagos e improductivos, por cierto, no es aceptable. Si hay absentismo laboral, tienen mecanismos de control e inspección para detectar a los que no cumplen y en ese caso, tomar medidas disciplinarias contra ellos. Que no intenten convencernos de que la única salida para hacer eficiente la administración es privatizar servicios. Son los propios gobernantes los que deben conseguir que sus departamentos ó instituciones funcionen como se espera de ellos.

En segundo lugar, no se pueden pedir esfuerzo y responsabilidad a colectivos de trabajadores y profesionales, y antes que nada, lanzarles toda clase de improperios. La estrategia es desprestigiar su trabajo para poner en contra a la opinión pública, recurriendo a topicazos y a demagogia pura y dura y así, convertir las medidas de ajuste en populares y obtener rédito electoral de todo ello.

Y en tercer lugar, porque somos trabajadores a los que, en general, nos gusta nuestro trabajo. Lo hemos elegido por vocación y disfrutamos con ello. Pero sobre todo, y por encima de cualquier cuestión, porque como ciudadanos, queremos el bienestar de nuestra ciudad, de nuestra región y de nuestro país y es nuestro deseo que, entre todos, consigamos salir a flote. No es una cuestión de falta de responsabilidad ni de solidaridad ni de no querer trabajar más por menos salario. Simplemente, que muchos no compartimos ni el contenido de las reformas ni de cómo las están llevando a cabo.