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Autor: Francisco Escribano Sotos

El tema es recurrente y se ha escrito mucho sobre ello en los dos últimos años en nuestro país; sin duda el dinero es lo que mueve en la actualidad este mundo y lo que hace que pensemos que este es uno de los aspectos claves para poder salir de esta crisis.

El proceso de reestructuración del sistema financiero cuyo fin último es conseguir una banca más grande y competitiva, cara a afrontar los retos del sector financiero en un proceso de globalización, deja de lado muchos aspectos microeconómicos que deben analizarse, además de una cuestión de tamaño que no debería dejarnos indiferentes, por el poder que en una economía pueden tener instituciones excesivamente grandes, con un porcentaje muy elevado del PIB. En cuanto a cifras macro baste decir que desde 2008 la banca ha recibido una inyección de más de 110.000 millones de euros, 81.000 en avales del Estado para proporcionar liquidez al sector y 30.000 millones para fortalecer la solvencia de dichas instituciones, si lo comparamos con los presupuestos del Estado para el año 2012, 65.083 millones de euros, dan una idea de la magnitud de estas ayudas.

Esta inyección al sistema financiero debería haber permitido que la labor fundamental de la banca en nuestro país, actuar como intermediario financiero entre aquellos agentes económicos necesitados de capital y aquellos otros generadores de ahorro y con excedente de recursos financieros, hubiese mejorado. Pero no solo se ha perdido este papel de intermediario, su función de banco comercial, sino que tampoco ha sido capaz de dar respuesta a las necesidades de crédito que tienen la mayoría de empresas de nuestro país.

El tiempo no es un bien gratuito, es más,  del tiempo debería hacernos pensar en los efectos de la reestructuración y que es lo que se ha conseguido hasta el momento.

Seguimos inmersos en un proceso de fusiones de entidades de crédito, que no se sabe muy bien cuando terminará, un proceso que desde el  y desde el Gobierno de nuestro país se han marcado como una prioridad, para poder dar respuesta a las necesidades de los retos venideros.

Por otro lado, desde los órganos supervisores, a las entidades de crédito se les exigen más requisitos para tratar de gestionar y minorar el riesgo a las que están sometidas dichas entidades. Esto genera cada vez más necesidades de provisiones, más personal especializado para gestionar estos sistemas integrados de riesgos, lo que lleva a muchas de estas entidades, a plantear la necesidad de ser más grandes para afrontar con mayores garantías el riesgo, dar respuesta a estas necesidades normativas y tratar de ser más eficientes.

Desde el punto de vista de la entidad como empresa, es un análisis correcto, pero ¿qué ocurre si el análisis lo realiza el ciudadano de a pie, o el pequeño empresario? La reestructuración del sistema, en qué número de entidades va a terminar, si ese número garantiza la pluralidad, la posibilidad de dar respuesta a todas las necesidades, o ¿va a ser el mismo señor con distintas marcas? Es más ¿ no estamos creando un riesgo sistemático difícil de combatir con Instituciones cada vez más grandes, y por tanto con mayor poder económico y político?

Para responder las cuestiones anteriores y en qué medidas el plan de reestructuración propuesto y la creación de entidades más grandes puede solventar los problemas del sector financiero es adecuado analizar el origen de nuestras entidades de crédito y de las necesidades de recursos de nuestro país.

Según mi opinión, las tres entidades de crédito tradicionales de nuestro país, Bancos, Cajas de Ahorro y Cooperativas de Crédito, tenían un origen distinto, un perfil de clientes distinto y daban respuesta a las necesidades de toda la sociedad sin grandes problemas.

Empezaremos por las Cajas de Ahorro, ya que han sido las primeras damnificadas de la reestructuración. Las Cajas de Ahorro nacen de los antiguos Montes de Piedad de nuestro país, cuyos clientes eran las clases marginales que no podían acceder al crédito en otras entidades. El paso de los años, hizo que las cajas de ahorro siguiesen cerca del pueblo llano, pero con un compromiso hacia Instituciones Públicas, fundamentado en parte por su modelo de gobernanza, que hacía que las Instituciones locales estuviesen en los cuadros de gestión de los mismos, y que con el paso del tiempo ha sido el causante de la mayoría de los males que han sufrido estas entidades en muchas Comunidades Autónomas; para muestra un botón, ver qué es lo que ha ocurrido con  de Castilla La Mancha. Pero este proceso de reestructuración ha hecho que las principales Cajas de ahorro de nuestro país se hayan transformado en bancos comerciales, mediante el proceso de fusión llevado a cabo entre ellas.

El segundo grupo de entidades a tratar son las Cooperativas de Crédito, vinculadas a sectores básicos de la Economía regional; en Castilla la Mancha vinculados al sector agrícola y ganadero; en regiones como el País Vasco vinculados al sector industrial, pero con una razón de ser que las justifica en todos los casos, la cercanía al territorio que las vio nacer y en muchos casos a partir de la formación de una Cooperativa, donde son los propios socios los que precisan de recursos para financiar sus proyectos de inversión, y los que en muchos casos, formaron secciones de crédito de las propias cooperativas y que dieron lugar a las Cooperativas de Créditos o Cajas Rurales. Son entidades muy cercanas a su masa social y a las necesidades financieras de las mismas, y que han permitido el desarrollo de amplios sectores en nuestro país y en otros europeos como Francia o Alemania.

Sin duda, las Cooperativas de crédito, por las características de su negocio empresarial, a veces exclusivamente local (por ejemplo, Casas Ibáñez,  del Cuervo y Villamalea) y centrado en la intermediación entre las personas que depositaban sus ahorros en la entidad y aquellas que acudían a pedir crédito para llevar a cabo sus inversiones, son las mejor paradas en este periodo de crisis, las que en su mayoría no han tenido problemas de liquidez y las que han seguido dando respuesta a las necesidades de crédito de las empresas y personas de su entorno.

Por último está la Banca, sociedades anónimas, que han dado respuesta adecuada a las necesidades financieras de grandes empresas, pero también en muchos casos de pequeñas y particulares. Banca que en nuestro país ha jugado el doble rol de banca comercial y banca de inversión, ya que no ha existido una reglamentación que diferenciase dicha actuación. Banca que se ha ido reestructurando, buscando ese mayor tamaño que la hiciese más eficiente y competitiva para hacer frente a ese proceso de globalización, y que fuese capaz de moverse en todo el mundo dando respuesta a las necesidades cada vez mayores de muchos de nuestros empresarios.

Esta situación ha permitido dar respuesta a las necesidades que como país hemos tenido, ahora se nos dice que las necesidades son otras, y que por tanto nuestro sistema financiero debe adaptarse para dar respuesta a estas nuevas necesidades. Pero resulta que si analizamos a nuestra sociedad, nos encontramos con un número cada vez mayor de personas desprotegidas, con pequeñas y medianas empresas, autónomos que juegan un rol fundamental en el desarrollo de nuestra Economía, cuyas necesidades de crédito siguen estando ahí, y que sin embargo a pesar de la reestructuración, y de las inyecciones Estatales, siguen teniendo mayores dificultades para obtener crédito y poder llevar a cabo sus inversiones.

Por ello, quizá la reestructuración se está realizando desde un punto de vista macroeconómico, destinada a dar respuesta a las necesidades de las grandes empresas y corporaciones pero sin abordar alternativas que sigan garantizando el crédito a un amplio conjunto de ciudadanos y pequeños empresarios, vinculados a su entorno cercano. En este sentido es necesario reflexionar si queremos un gran , o por el contrario creemos en la suma de Instituciones para dar respuesta a las necesidades de todos y cada uno de los agentes económicos de este país.