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Autora: Isabel Pardo García

La respuesta sería que sí. O eso quiero pensar. O eso debemos pensar. El libro de  y , se titula Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España y en él plantean recomendaciones alternativas a las políticas económicas aplicadas desde que se inició la crisis para lograr crecimiento y crear empleo en España y Europa.

Que haya distintas maneras, distintas alternativas para crecer y generar empleo, no es algo nuevo en el ámbito económico. Es conocida la anécdota referente a  y Jonh Maynard Keynes, de acuerdo con la cual, Churchill se lamentaba de que cuando pedía una opinión a dos economistas sobre un determinado tema solía recibir dos respuestas diferentes… salvo si uno de los economistas era Keynes, porque en ese caso, el número de respuestas diferentes eran tres. Si así seguimos siendo los economistas, que parece que sí, entonces hay maneras diferentes de hacer las cosas y lograr los mismos resultados, o mejores.

Esta reflexión tiene que ver con la tan analizada, defendida y criticada (menos) austeridad. Al comienzo de la crisis y ante las similitudes con la Gran Depresión, hubo una tímida aplicación de políticas de estímulo fiscal pero ante el crecimiento de los déficits fiscales y la deuda pública, relacionados en muchos casos, con el saneamiento de la banca y las medidas necesarias para paliar los efectos adversos de la crisis, los adalides de la austeridad han logrado que sea la norma general en Europa. En política económica, la puesta en marcha de cualquier medida tiene que considerar el marco institucional en el que se aplica. Nuestra pertenencia a  y al euro supone no disponer de política monetaria propia y que la política fiscal esté supeditada a la estabilidad presupuestaria. Por tanto, podemos asumir que, efectivamente, la elaboración de los Presupuestos Generales del Estado ha de estar supeditada a la austeridad. Pero asumido que ese es nuestro marco institucional y que a corto plazo no podemos cambiarlo, ¿sólo hay una manera de reducir el déficit? ¿No tenemos alternativas? La respuesta es que no. En primer lugar porque la reducción del déficit se puede hacer incrementando ingresos o reduciendo gastos. El primer caso es un camino tibiamente explorado, se subió el IVA, se ha subido el IRPF, pero no se ha realizado una reforma fiscal que garantice la progresividad del sistema haciendo que paguen más aquéllos que más tienen, no se han recuperado impuestos que nunca debieron eliminarse (patrimonio, sucesiones, entre otros), se ha recuperado la desgravación por vivienda, se han mantenido las bonificaciones a las SICAV y todo ello, se ha coronado con una amnistía fiscal. El segundo camino, la reducción de los gastos, también tiene más opciones que las que se están aplicando ¿Es adecuado que los presupuestos se reduzcan de manera lineal en todos los ministerios aproximadamente un 17 por 100? ¿Son todos los gastos del Estado igual de necesarios? ¿Se han mantenido los gastos en aquellos puntos que son básicos para fomentar el tan socorrido “cambio de modelo productivo? La respuesta es que no y además se pueden estar mimando las bases de una sociedad mejor en el futuro.

Puede que algunos lectores ya hayan respondido a las preguntas anteriores e, incluso, que se hayan atrevido a hacer el ejercicio de recomendar su propia política. Si no lo han hecho, les animo a ello y, puede que una vez hecho el ejercicio, no estén de acuerdo con lo que sigue, pero podemos debatirlo y seguro, que todos aprendemos y mejoramos.

La respuesta a la primera pregunta obviamente es que no, no todos los ministerios tienen el mismo peso en los presupuestos ni todos tienen la misma importancia para el desarrollo fututo del país. De ello se colige que no todos los gastos son igual de necesarios. Y algunos son necesarios y favorecen el cambio de modelo productivo. Les diré tres, a mi juicio, los más importantes y los que más recortes están sufriendo: educación, I+D+i y sanidad.

La educación, en todos sus niveles, es un recurso que ayuda al hombre a aprender a actuar tanto como a adquirir conocimientos. Ya los autores clásicos cuando se preguntaba de qué dependía el grado de desarrollo de los pueblos indicaban que “la abundancia o escasez de su abastecimiento anual depende, en cada situación particular, de la habilidad, destreza y juicio con que generalmente se realiza un trabajo” (A. Smith) o que “el éxito en la producción, como en casi todas las otras cosas, depende más de las cualidades de los agentes humanos que de las circunstancias en que éstos trabajan” (J. S Mill). Por ello, si desinvertimos en educación, nos estamos equivocando.

Igual sucede con la innovación, además hay que considerar en este caso que los proyectos de investigación, por sus propias características, cuando se paralizan es difícil retomarlos, puede haber pasado el momento, lo puede haber descubierto otro grupo de investigación o, simplemente, que los investigadores hayan emigrado buscando mejores oportunidades.

Y pueden pensar que bueno, que en sanidad hay mucho gasto y que no condiciona tanto nuestro futuro las decisiones que ahora se están tomando, pero para poder avanzar y progresar no solo son necesarios individuos formados que piensen que hacer por nuestro futuro, con capacidad de analizar y decidir y, por supuesto, innovar, también necesitamos individuos sanos. Todaro en su explicación del círculo vicioso de la pobreza señala, entre otros aspectos, como la salud condiciona el desarrollo ¿han pensado que individuos con baja renta y nutrición deficiente pueden y suelen tener peor salud? ¿Han pensado que la productividad de los individuos enfermos puede ser y suele ser más baja? También la salud condiciona nuestro futuro.

Ello no quiere decir que no haya que ajustar el gasto en sanidad, educación o I+D+i, pero seguro que hay otra manera de hacerlo. Además del marco institucional la política económica también tiene que considerar que en su aplicación ha de buscar el máximo bienestar de los ciudadanos y garantizar la participación de los agentes económicos y sociales en el proceso de toma de decisiones. Explorar el camino del acuerdo y contar con la opinión de los expertos que día a día trabajan en la sanidad, en la educación o la investigación permitiría hacerlos partícipes de todas las medidas e implicarlos en el logro del objetivo de reducir los gastos, innecesarios, por supuesto.

Y otra idea, o mejor, sugerencia. Disfruten leyendo a los autores clásicos de la economía.