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Autor: Antonio Javier Piqueras Quintanilla

Hasta el momento han sido muchos los que han decidido cambiar el ritmo habitual de desesperación y mal humor que genera la falta de empleo por la posibilidad de abrirse camino fuera de la tierra que les vió nacer.

Para todos aquellos que todavía piensan que la oportinidad va a llegar dentro de las fronteras españolas, simplemente darles mi ánimo a no desesperar, pero para el resto que crea que ahí fuera puede demostrar que sus años de estudios y sacrifio no han sido en valde, les invito a sacudirse el polvo que se ha ido posando sobre una sociedad basada en el deseo unánime de convertirse en funcionarios o de pasar por la vida haciendo el menor ruido posible.

Podríamos aplicar la teoría económica de “Aversión al Riesgo”. Según la misma, una persona tiene aversión al riesgo si es que, suponiendo todo lo demás constante, prefiere “algo seguro” que “algo incierto”. Y esto es, lo que ahora mismo pasa en mucho de los casos de nuestro país. La posición adoptada es de “Cero Riesgo”, es decir, me quedo en casa, envío CV a toda página Web de contratación habida y por haber, en mucho casos, ni siquiera miro si la oferta es algo que me gustaría hacer y me quedo esperando a que la diosa fortuna se presente como por arte de magia.

Todos conocemos cuales son las razones que esgrimimos a la hora de decir NO a la opción de salir al extranjero. Familia y amigos puede ser uno de los motivos principales que nos impiden tomar la decision de embarcarnos hacia lo desconocido.

Otro muy utilizada sería la barrera idiomática, poco comprensible después de ver cómo la mayoría de nosotros ponemos en nuestros currículos expresiones como “Inglés: Usuario Independiente” o “Inglés: Intermedio”. Muy bonito sobre el papel pero poco efectivo a la hora de enfrentarse con el ingles de la calle, ese que no nos han enseñado en ningún sitio y que de momento solo se aprende a fuerza de golpes.

Pero mi preferida y que a su vez aplican muchos de mis conocidos es: “yo me hiría, pero con trabajo seguro”. Volvemos al término utilizado anteriormente de aversión al riesgo. Ante esta tesitura, la única salida que nos queda es que el gobierno plantee un plan de evacuación, personalizado y sin fisuras, que permita a cada titulado tener la obligación de hacer las maletas e irse una temporada fuera, lo que al mismo tiempo significa que si lo que quieres es vivir de tus padres hasta que puedas vivir de tus hijos, estas en el país que lo ofrece, pero si lo que buscas en desarrollarte como persona y/o profesional, lo que tienes que hacer es no demorar más la decisión.

No quiero con estas palabras ahondar todavía más en la “fuga de cerebros” que se está produciendo en España pero sí plantear la necesidad de valorar el coste de oportunidad de un paso adelante no siempre fácil. Es momento de afrontar la realidad y armarse del coraje suficiente para, al menos, darse una oportunidad, una chispa de esperanza que saque de cada uno el valor suficiente para no mirar atrás y a través del presente, forjarse un mejor futuro.