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Autor: Dimas Sánchez de la Morena de la Torre

En la economía, los mercados y en cualquier ámbito de la vida, todo depende del intérprete. Uno puede creer en la dirección de la marea, dudar del movimiento de las olas, o incluso centrarse en las pequeñas crestas de las olas que componen la marea. Uno de los términos que más se han asentado en el lenguaje popular de los últimos tiempos es “prima de riesgo”. Concepto que utilizamos para medir el riesgo de impago de un país con respecto al “bund” alemán.

En este sentido, la marea representa a día de hoy, el ascenso del riesgo español por encima de los 400 puntos básicos, situando en entredicho su solvencia y capacidad de recuperación. No obstante, esta falsa marea viene motivada por un particular oleaje. Las masivas ventas a corto plazo de contados fondos de inversión, que actúan como tiburones especulando conjuntamente, en grandes paquetes, contra la deuda española, para posteriormente recomprarla más barata, o comprar deuda alemana. De esta manera, bien por la bajada de rentabilidad del “bund” o bien por la subida del bono español, el diferencial se ensancha. A ello hay que sumar las calificaciones, de dudoso fundamento, de las agencias de calificación (principalmente , Standar and Poor y ). Estamos asistiendo a una nueva forma de invasión de países, sin balas ni tanques por medio, pero con consecuencias macroeconómicas, sociales y financieras parecidas. Ya lo hicieron con Grecia, Portugal e Irlanda (lo cual no los libera de sus propios problemas internos que contribuyen, al igual que en España, a complicar su coyuntura).

Dicha especulación puede hacernos creer o hacernos dudar, pero las verdaderas crestas de las olas son en primer lugar la reestructuración del sector financiero, cuya concentración reporta buenas sensaciones, pero los bancos aprovechan la liquidez emitida por los bancos centrales (EQ1, EQ2, LTRO del BCE) para recapitalizarse y sanear sus balances, y no para canalizarlo como crédito al sistema, pues aún no ha terminado las necesidades de provisión, alargando el “credit-crunch”. Las empresas y hogares no lo reciben, no pueden invertir, y la deuda privada no se reduce, merma la actividad, y desemboca en mayor desempleo y costes de financiación. Todo ello crea incertidumbre y desconfianza, lo que prolonga la alta volatilidad presente y la sequía de los mercados mayoristas. Inundar de liquidez el sistema relaja la presión de la deuda en un horizonte de 3 años y probablemente evita una deflación a la “japonesa”, lo que da razones para creer. No obstante, otorgar facilidades permanentes de crédito puede desembocar en que los receptores queden desincentivados a hacer los deberes de la manera más eficiente, lo que da razones para dudar.

En segundo lugar tenemos el gravísimo dato de paro (25% , mayoritariamente grave por la fuga de capital humano joven y bien formado, y la ausencia de motores de crecimiento que suplan a la construcción y empleos satélite). Seguramente si el tejido empresarial español, 90% pymes, no hubieran tenido que pagar a la administración publica el IVA de facturas que ni siquiera han cobrado, podríamos haber evitado un buen puñado de solicitudes de prestación por desempleo. Los mercados dudan fuertemente de nuestra excesiva descentralización de autonomías, cuya estructura no permite creer claramente en que el objetivo de reducción de déficit (5,3%) con Bruselas vaya a cumplirse a tiempo.

En medio de este mar de dudas, también hay razones para creer en la recuperación de este mundo tan globalizado. Y es que el núcleo de la actividad económica y por tanto motor del crecimiento son las empresas, y el termómetro de su estado de salud, es la renta variable. Y en lo que respecta a las bolsas, parece ser que debe ser el activo con mayor potencial de revalorización futura por razones, a mi parecer, como las siguientes: la crisis de deuda soberana de la UE tiene que mejorar y las primas de riesgo volver niveles más razonables. Los tipos de interés están muy bajos, lo que resta margen para maniobras monetarias efectivas. La renta fija se ha revalorizado desde 2000 un 144%, y esto no puede volver a repetirse otra década. Los fondos de pensiones y aseguradoras no pueden invertir a tipos de interés tan bajos, deben buscar rentabilidades atractivas en renta variable. El PER de EUROSTOXX actual es de x10, mientras que en 2000 era de x30. Las empresas cotizan muy por debajo de su valor en libros, y con poco que mejore la situación, mejorarán resultados y cotizaciones. En EEUU ya existen datos positivos y sólidos de ventas mayoristas y minoristas, confianza del consumidor, empleo y PIB (crecerá por encima del 2%). En China y Brasil se ha ralentizado el crecimiento, y estaremos pendientes de las elecciones en Grecia y Francia. De cualquier forma, hemos tocado tanto fondo, que la dinámica sugiere que el único camino es ir hacia arriba. En cuanto a España particularmente, hay que tener en cuenta que el IBEX está formado en un 50% por el sector financiero (33%) y eléctricas (14%), por lo que sus malos resultados pueden engañar en el medio-largo plazo.

Para creer o dudar, hemos de sacar a relucir el principal talón de Aquiles de la UE: no existe una unión fiscal sólida, y lo que es igual de importante, tampoco existe una unión federal, es decir, un sentimiento europeo que prime por encima de cada estado miembro. En EEUU este sentimiento si existe y el Tesoro Federal se hace cargo de los desequilibrios de los estados miembros. Esta unión federal y fiscal, junto con Sillicon Valley y el dólar en calidad, históricamente, de activo refugio internacional, dan como resultado que EEUU encuentre una vía para el crecimiento a pesar de su elevado déficit público y endeudamiento.

Es una prioridad entender, que la consolidación fiscal es necesaria de cara a las reformas financieras y laborales que necesitan países de la Eurozona que no hicieron los deberes en su momento, como es el caso de España. Sin embargo, ahogar con más austeridad, antes incluso, de que estas economías denoten brotes de recuperación y crecimiento económico, es como echar gasolina a un coche que no tiene ruedas. Sin crecimiento, en un sistema económico como el capitalismo, que ha demostrado que la solución menos mala es seguir creciendo, no hay recuperación. La Reserva Federal ha comprendido esto, y de ahí la EQ1, EQ2 y posible EQ3 que está llevando a cabo, con unos tipos de interés próximos a cero. En Europa, la no reducción de tipos de interés a este nivel da como resultado un mejor control de la inflación, pero dificulta el coste de la financiación para las empresas, y con ello, la inversión, la producción, el consumo y el crecimiento ven reducida su progresión. No olvidemos, que la inflación suele ser un buen indicativo del repunte en la actividad económica. Esto es así, el PEC no funciona para una Europa a dos velocidades con indicadores macroeconómicos, y modelos laborales y productivos totalmente opuestos. Quienes no aprenden de la historia, están condenados a repetirla.

En medio de la coyuntura actual, emerge con fuerza la palabra “confianza”, que demuestra una vez más, ser el engranaje perfecto para casi todo. Y es que, la clave no radica en que estamos dispuestos a ceder, sino en que estamos dispuestos a compartir.