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Autor: Rubén Lozano Martínez. Alumno de la asignatura “Dirección Financiera de la Empresa”.

El pasado domingo 1 de abril estuve viendo el programa de Redes presentado por . El capítulo titulado “el lenguaje está diseñado para confundirnos” entrevista al prestigioso psicólogo y científico Robert Kurzban para hablar sobre cómo funciona la mente. Durante la entrevista dijo algo que me causó mucha curiosidad. Eduard le preguntó sobre la naturaleza engañosa de los humanos y Robert le dijo “… Hay reglas morales sobre, por ejemplo, las transacciones mutuamente beneficiosas. En algunas culturas, aplicar interés no está bien visto, pero la mayoría de economistas te dirán que en realidad es bueno aplicar intereses, porque entonces yo te puedo dejar dinero si lo necesitas y tendré algún incentivo para hacerlo, gracias al interés…”.

Me hizo reflexionar sobre el origen del interés y su visión en otras épocas así como el interés implícito en transacciones mutuamente beneficiosas en la vida social.

El origen del interés y la usura

En la antigua Roma, los intereses no estaban regulados, pero sí existía la banca comercial y los préstamos con interés, que muchas veces dejaban al pobre deudor y a su familia sumidos en la esclavitud. Cuando un deudor no podía pagar los usureros intereses exigidos, una rigurosa ley autorizaba al acreedor a encarcelar o a recluir a la esclavitud al deudor y a su familia. En algunas ocasiones, las deudas eran incluso cobradas con la vida, ya que el acreedor veía extinguirse junto con la vida del deudor, la obligación contraída.

Posteriormente, la  se opuso al pago y cobro de intereses según criterios morales, puesto que la usura se consideraba pecado. Sin embargo, la oposición de la Iglesia Católica, definida por Santo Tomas de Aquino, no consideraba pecado el pago de intereses por préstamos que se utilizaran en negocios, puesto que el dinero se empleaba para crear nueva riqueza, pero sí se consideraba pecaminoso el pago o cobro de intereses por préstamos utilizados para comprar bienes de consumo. Al no poder dedicarse los cristianos directamente al oficio de prestar dinero con intereses, fueron los judíos quienes realizaron tales tareas. De aquí el surgimiento de los judíos como banqueros.

En cuanto a los primeros que realizaron teorías económicas con el tipo de interés fueron Victor Riqueti de Mirabeau, Jeremy Bentham,  e Irving Fisher. Éste último fue un gran economista pero catastrófico especulador bursátil ya que perdió todo su patrimonio familiar en el jueves negro de 1929. Aunque los economistas más influyentes del tipo de interés fueron John Keynes y , el defensor del libre mercado.

El interés implícito en la vida social

El interés es definido como “el precio o recompensa a pagar por disponer de capitales ajenos durante un determinado periodo de tiempo1. El interés, depende de la oferta y la demanda de dinero en la economía, que a su vez depende de la política monetaria y fiscal como de las expectativas”. Pero no sólo hay intereses en las prestaciones de capital, también en nuestra vida diaria fijamos tipos de interés.

Evidentemente, cuando se trata de ganar dinero invirtiendo en bolsa o depositar tu dinero en cuentas bancarias, mirarás aquellas que más rentabilidad te den, que mayor tipo de interés te ofrezcan. Pero cuando se trata de un amigo que te pide capital prestado, ¿moralmente es correcto que le cobres un interés por disponer de él? Todo dependerá de tus principios y de la amistad que tengas, pero seguramente no le pedirás nada más que el capital prestado. Aunque yo diría que en la totalidad de las ocasiones tiene incorporado un interés implícito.

Hay dos casos que pueden ser ilustrativos. Un caso muy común entre los estudiantes, ¿cuántas veces nos ha pedido algún compañero/a de carrera/grado apuntes, trabajos o ahora con el Plan Bolonia, prácticas o ejercicios que hay que entregar para la siguiente semana? Seguro que en repetidas ocasiones. En cierta manera, tu compañero te está pidiendo algo prestado. Tú, como buen compañero/a, le dejas tus apuntes. Podría parecer que se lo estás prestando a cambio de nada, pero implícitamente esperas que en un futuro tú puedas recurrir a él con la esperanza de poder pedirle prestado otros apuntes en igualdad de condiciones y que no sea negada esa prestación. Si ese compañero, llegado ese futuro, no te los presta, es más que posible que la próxima vez dudes en dejárselos. Y si vuelves a pedírselos y se vuelve a negar seguro que ya te buscarás una buena excusa para cuando él/ella vuelva a pedirte algo. Por lo tanto, sería hipócrita decir que prestas tus apuntes sin ningún interés. Es decir, hay un continuo interés implícito en ese tipo de transacciones.

Un caso similar, cuando te vas a tomar una cerveza o un café con los amigos. Estás en la cafetería y te piden que les pagues una cerveza a tus amigos, en cierta manera prestas tu dinero para que consuman ahora, pero con la esperanza de que en el futuro sean ellos quienes te lo paguen a ti, sean ellos quienes te devuelvan el capital aportado, con un interés implícito que, de no ser devuelto, no volverás a pagar ninguna cerveza más.

En definitiva, cuando le prestas capital a un amigo, no le pides interés, pero sí que esperas que en un futuro, cuando tú necesites disponer de su capital, éste esté disponible.

El interés, por tanto, es algo que nos acompaña continuamente y es algo que, como dice Robert Kurzban, “encaja perfectamente en este contexto engañoso, competitivo, que tenemos como criaturas sociales”.

Bibliografía:


  1. Navarro y Nave (2001).