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Autor: Francisco Serrano Díaz. Alumno de la asignatura “Dirección Financiera de la Empresa”

La evolución de los factores socio-culturales que experimenta la sociedad lleva consigo intrínsecamente cambios en las necesidades y deseos de los distintos agentes económicos. Esto implica que las formas de dirección empresarial se tengan que adaptar a dichos cambios del entorno, puesto que, de lo contrario, las organizaciones opuestas o rezagadas en este sentido asumen el riesgo de perder progresivamente su cuota de mercado en el mejor de los casos, si no acaban desapareciendo.

Desde hace varias décadas se viene observando un aumento de las demandas de tipo social relativas a, por ejemplo, el cuidado del medio ambiente, la conciliación del trabajo y la familia, las condiciones de seguridad e higiene en las empresas, etcétera. Por ello, son cada vez más las empresas que optan por establecer sistemas de dirección empresarial donde la responsabilidad o la ética imperen.

La Responsabilidad Social  (RSC) es la actitud de la empresa a la hora de dirigir sus negocios caracterizada por tener presentes las repercusiones que sus actividades generan sobre los distintos grupos de interés (stakeholders): clientes, empleados, accionistas, administraciones públicas, medioambiente y sobre la sociedad en su conjunto. Esto engloba el cumplimiento obligatorio de las leyes vigentes y la actuación voluntaria llevada a cabo deliberadamente por la empresa en materia de mejoras de las condiciones laborales y sociales de los trabajadores y los entornos en los que la empresa interactúa o puede interactuar.

Por otro lado, grandes economistas de la Escuela de Chicago, destacando a , mantienen una postura claramente opuesta con respecto a lo que se entiende por responsabilidad empresarial. Para ellos, el rol o actitud de los directivos se ha de limitar a la maximización de los beneficios, es decir, a generar la mayor riqueza posible para los propietarios de la empresa, respetando en todo caso las reglas de juego fijadas mediante las leyes oportunas. Afirman que ésta es la única vía a través de la cual el sistema de libre mercado puede alcanzar la máxima eficiencia posible y el mejor resultado para todos los agentes que componen la economía.

El punto de vista ortodoxo de dichos economistas con respecto a los objetivos de las empresas se basa en la aplicabilidad universal de la mano invisible. Por lo tanto, una teoría de dirección empresarial orientada a satisfacer lo mejor posible a los stakeholders (grupos de interés) no tiene lugar en su panteón de las ideas (Magill, M; Quinzii, M; Rochet, J.C., 2011). Estos autores defienden la idea de que la adopción de políticas directivas enfocadas a crear valor para los grupos de interés han de ser rechazadas, puesto que se desvinculan del objetivo primordial de toda dirección empresarial, el de maximizar los beneficios.

Como técnica de gestión, o como actividad voluntaria permitida por los propietarios, la RSC no necesita justificación, pero tampoco tiene una función normativa. Y cuando se le atribuye una, es decir, cuando se afirma que las empresas deben tener en cuenta la RSC a la hora de desarrollar su función social, estamos identificando la RSC con la ética. Con franqueza, aunque probablemente sea injusto decirlo así: la RSC no existe. Lo que sí existe es la responsabilidad de la empresa, que es la misma que comparten todos los individuos y organizaciones. Y esta responsabilidad es ética (Argandoña, 2005).

Dar prioridad a la creación de valor a medio y/o largo plazo a través de la RSC antes que ajustarse estrictamente a unos objetivos contables a alcanzar en cada ejercicio supone un cambio radical en la mentalidad de las empresas. Los datos indican una creciente adopción de este modelo directivo dados los beneficios que éste es capaz de generar en las empresas si se aplica correctamente: mejoras en el clima laboral, en las relaciones institucionales y en la imagen de marca; un aumento de la productividad y de la credibilidad de la empresa de cara a la sociedad; sinergias tras la adopción de acuerdos colaborativos con empresas, mejoras en las relaciones comerciales con clientes y proveedores…

Una actuación de este tipo no refleja una postura benevolente por parte de la empresa. En ella reside intrínsecamente el interés por la rentabilidad en forma de beneficios, al igual que sucede en cualquier otro ámbito profesional (remuneración en el caso de trabajadores asalariados o funcionarios). Pero, a diferencia de la doctrina ortodoxa, se presta cada vez más atención a la evaluación de las externalidades generadas por la actividad empresarial, tanto positivas como negativas, con el fin de incrementar las primeras y reducir las segundas tanto como sea posible.

BIBLIOGRAFÍA:

Magill, M; Quinzii, M; Rochet, J.C. 2011. “A Theoretical Foundation for the Stakeholder Corporation”. University of Southern California; University of California, Davis; Swiss Finance Institute, University of Z¨urich, SFI, and Toulouse School of Economics.

Argandoña, Antonio. 2005. “Firm, market economy and social responsibility”. IESE Research Papers D/600, IESE Business School.

**Otras fuentes consultadas: **

http://www.observatoriorsc.org/index.php?option=com_content&view=article&id=40%3Aqus-rsc&catid=27&Itemid=63&lang=es

http://fbusiness.wordpress.com/2008/05/31/la-responsabilidad-social-corporativa-ventajas-y-claves-para-su-implantacion-en-las-organizaciones/