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Autor: Rodolfo Tejerina Guimbard. Alumno de la FCEEAB

La realidad económica y política en España está enrevesada y cada día va a peor, pues el tiempo para realizar reformas es mínimo y la U.E.M. tiene maniatados económicamente a sus miembros como consecuencia de haber cedido la política cambiaria, monetaria y ahora la fiscal.

Con un panorama complicado y una Europa que colma de diktats y ultrajes constantes a sus ciudadanos “indisciplinados”, es normal que se vean cosas- antes insólitas y ahora más frecuentes-, como que el partido gobernante alemán auditará las reformas emprendidas en España para asegurarse que las reformas no pierdan peso luego de la Huelga anunciada, pues existe la sospecha de que tales reformas no cuentan con un respaldo real y por tanto, serias dudas sobre el cumplimiento de promesas y del Pacto Fiscal.

Ahora resulta que las consabidas impopulares medidas del gobierno le deslegitiman, y los duros socios europeos quieren verificar (¿mandar?) que todo salga como estaba planeado. El PP se encuentra en una situación incómoda pues le toca lidiar con la desconfianza de la UE, de los mercados, de sus ciudadanos, su mala estrategia política y un cinismo sin parangón de:

  • Unos sindicatos que quieren recuperar terreno después de una década de ausencia y vagancia, sin misión, representando a pocos, preocupados solamente por la pérdida de su jugosas subvenciones, y que jamás se han quejado del drama de 5 millones humanos que les heredó su buen amigo Zapatero. ¿En serio alguien les cree algo?, si ni siquiera se han replanteado los problemas sociales desde una óptica más real y reflexiva, como tampoco existe una renovación generacional dado el descrédito de sus actuales representantes. Por dicho desprestigio sindical, se sabe que la Huelga General sólo servirá para fortalecer la imagen de Rajoy en Europa, pues será el aliciente para dar un paso al frente y ratificar que las reformas emprendidas saldrán adelante.
  • Un PSOE irreflexivo que jamás ha entonado el mea culpa de su incapacidad, y que hace como si en los últimos siete años jamás hubiesen ostentado el poder para evitar gran parte de la desgracia social y económica que vive el país.

La estrategia de ambos está clara: lanzarse a las calles movilizando a sus acólitos echando la culpa de todos los males del país al partido gobernante y dar lecciones de cómo resolver problemas, de economía y de creación de empleo. Surrealista y cínica, pero la estrategia puede funcionar si persisten la amnesia colectiva en la sociedad y los errores del .

El error en la estrategia política del PP tiene que ver con la manera en que se ejecutan las reformas, la forma en que se comunican y las reformas que se necesitan pero ni se han planteado. Me explico, en tiempos de reformas extremadamente duras es necesario explicar a la gente con claridad y sin demagogias(ya todos sabíamos la situación que encontrarían al arribar al poder), que las reformas tienen sus daños y que los resultados no son inmediatos, en lugar de caer en la vanidad de sentirse mesiánicos. Explicar a la sociedad qué se está haciendo, qué ocurriría si no se actúa, qué opciones de solución existen con sus respectivos efectos y finalmente, informar sobre los avances que se vayan dando.

El pueblo español no necesita políticos divinos, necesita transparencia, más complicidad basada en una comunicación que fluya constantemente para generar respaldo popular a las medidas tomadas, pues no basta con ir a “convencer” a los mercados y Bruselas, hace falta informar mejor en casa, contentar e implicar a la sociedad española, para que la sociedad esté al tanto de lo que sucede y consciente de que esta situación se revertirá con el esfuerzo de todos.

El otro paso en falso del PP tiene que ver con un par de reformas indispensables que se están dejando de lado, pero que volverían más “terrenales” a la casta política y transmitirían la sensación de que ellos también son parte del esfuerzo conjunto:

Reforma total del modelo de Administraciones Públicas y Autonómicas junto con una Ley de requisitos de formación para políticos, que además limite los puestos que detentan los mismos (al parecer, son genios, de excelente labor y no duermen por trabajar en tantos sitios).

Pongo un ejemplo sobre la segunda Ley: los bancos, como cualquier empresa, tienen una estrategia a seguir, dice lo que quiere transmitir a su entorno y más importantes aún son sus acciones o hechos, que pueden ser distintos a lo que dicen, pero siempre van acorde con sus objetivos. Entonces, ¿ creen ustedes que los políticos , que son personas sin formación ni cualificación para negociar y gestionar de recursos escasos (dinero recaudado vía lapidarios impuestos), son capaces de discernir entre lo que dicen los bancos y lo que realmente hacen, para poder negociar mejor con ellos?. La verdad es que, en ese aspecto, el sector privado puede mofarse de todos los políticos, pues a todos nos exigen una formación adecuada antes de acceder a un puesto de trabajo, y negociar o presionar a tanto incompetente se vuelve una tarea sencilla sean estos políticos, trabajadores públicos o privados. Supongo que es justo pedir a los que juegan con nuestro dinero una Ley que exija una experiencia y formación ¡por lo menos mínima como gestores!; o seamos más ambiciosos: pedir una Ley que equipare, los requisitos y capacidades de políticos a las del sector privado, y eso parte por un ministro de sanidad que sea conozca el sector y no un filólogo (con todo respeto, solo es por poner ejemplos extremos).

¿O usted le daría su dinero al primer desconocido que toque a su puerta?. Porque eso es lo que hacemos con nuestros impuestos, le damos el dinero a cualquier actor que si le exigen interpretar el papel de cirujano llevará el atuendo de médico, pero a la hora de usar el bisturí causará estragos con dicha herramienta.

Pero hablemos en serio, ¿creen ustedes que los políticos serán capaces de rasgarse las vestiduras?, porque llevan exigiendo grandes esfuerzos a los ciudadanos y hasta ahora, no hemos visto atisbo de esfuerzo por parte de ellos – el anteproyecto de Ley de Transparencia no es ningún es esfuerzo, era necesaria -. Yo quiero creer que sí.

Haría un gran favor el presidente, si legislara donde compete y eliminase instituciones y leyes que se solapan entre sí y que además, crean fronteras, miniEstados y caciques con coches oficiales dentro del país. Loable sería si los recortes fuesen en despilfarros y gastos prescindibles, entre ellos el de las administraciones públicas locales, provinciales, autonómicas y nacionales pues sobran políticos sin visión ni preparación, y mucha falta hace ese dinero para ciencias y educación cuyos resultados se plasman a largo plazo.

Sinceramente, espero que algo de esto se haga para poder contar con el respaldo real del pueblo, ya que sin él es difícil disipar dudas y evitar que otros países vengan a mandar dentro de España.