sidearea-img-1
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetuer adipiscing elit, sed diam nonummy nibh euismod tincidunt ut laoreet dolore magna aliquam erat volutpat.
sidearea-img-2 sidearea-img-3 sidearea-img-4 sidearea-img-5

Recent News

Newsletter

[contact-form-7 404 "Not Found"]

Autor: Rubén Lozano Martínez

Una vez dijo un escritor satírico llamado John Arbuthnot “todos los partidos políticos mueren al final por haberse tragado sus propias mentiras”, pues eso les ocurrirá a la carrera profesional de aquellos políticos que lo hagan a partir de ahora. El pasado viernes 23 de marzo, el Consejo de Ministros ha impulsado una Ley de Transparencia cuyo sanción será de hasta 10 años de inhabilitación a los gestores de las administraciones que no lleven un control presupuestario. No se ha quedado ahí la medida, incluirán la fijación de sueldo a alcaldes.

¿Qué relevancia puede tener esta ley? En mi opinión, es un insulto que alcaldes, en su mayoría del partido popular, cobren 3.000 euros más al mes que el Presidente del Gobierno. El baremo que se tiene en cuenta no se cual será, pero sin duda alguna, debería de primar la responsabilidad. No son comparables las decisiones de un ministro con las decisiones de un alcalde independientemente del tamaño de la ciudad. Es sin duda necesaria, dicha Ley de Transparencia, siendo el único gran país de Europa que no contaba con dicha propuesta. La facilidad de contar con un portal en internet para disponer de cualquier información relacionada con los sueldos de los altos cargos y su patrimonio no tiene coste significativo.

Se tratan de medidas sin color de un partido político del cual no esperábamos decisiones como la dación en pago condicionada, la reducción de los sueldos de los consejeros de los bancos intervenidos (esta última un poco cuestionada ya que parece ser que el gobierno podría no limitar para facilitar las nuevas fusiones), el plan de pago a los proveedores de la famosa herencia (no olvidemos que en la Comunidad Valenciana no había herencia) y esta última medida, que hace raro ver a un partido político limitando los sueldos cuyos salarios más altos son de su mismo color. No es de admirar, es coherente y razonable.

Ha sido necesario llegar a la situación actual para que acometamos estas medidas y eso no se puede permitir. No se puede llegar tarde siempre y más cuando hablamos de la organización y administración de un país.

Es preciso moralmente que todos pongamos nuestra voluntad por el bien común, dejemos de acusar al gobierno de hipotéticas privatizaciones sociales y dejemos de acusar a la oposición de la herencia.