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Autora: Olivia Jiménez

Hace ya algunos años de la primera vez que vi la película Una Mente Maravillosa. Esta película narra la vida de John Forbes Nash, matemático que recibió el Premio Nobel de Economía en 1994 por sus aportaciones a la Teoría de Juegos. Y, aunque seguramente la película se parezca muy poco a la verdadera complejidad de la propia vida de Nash, me hizo reflexionar sobre algunos conceptos desarrollados a lo largo del film.

Una de las escenas clave de la trama se produce entre Nash y un grupo de amigos que pretenden ligar con una chica rubia que destaca entre las demás. En esta situación, los amigos plantean una idea de : “En la competencia, para obtener el mejor resultado, cada miembro del grupo debe hacer lo mejor para él”. Y es aquí cuando Nash añade un matiz importante: “En la competencia, para obtener el mejor resultado, cada miembro del grupo debe hacer lo mejor para él y lo mejor para el grupo”.

En otras palabras, lo que posteriormente se definió como equilibrio de Nash es una situación en la cual todos los jugadores han puesto en práctica, y saben que lo han hecho, una estrategia que maximiza sus ganancias dadas las estrategias de los otros. En teoría de juegos no tenemos que preguntarnos qué vamos a hacer, tenemos que preguntarnos qué vamos a hacer teniendo en cuenta lo que pensamos que harán los demás, y ellos actuarán de igual modo.

Este concepto me permitió reflexionar sobre algunos patrones difíciles de comprender como es el de la cooperación entre individuos. ¿Vivimos en una sociedad marcada por una naturaleza egoísta? ¿Existe la cooperación social? En definitiva, los seres humanos somos egoístas por naturaleza buscando meramente nuestro interés personal o es posible la cooperación entre nosotros para alcanzar el bien común en algo.

La respuesta a ambas preguntas es afirmativa, los seres humanos somos egoístas y anteponemos nuestro interés personal al del resto. Pero también es cierto que todos, absolutamente todos, vivimos en sociedad y, por tanto, somos dependientes del entorno, somos interdependientes entre nosotros. Nos afecta directa o indirectamente lo que suceda en nuestro entorno y eso nos compromete en mayor o menor grado dependiendo de nuestra naturaleza. Por lo tanto, si reconocemos este principio de interdependencia, el principio de cooperación va unido a él.

Existen multitud de ejemplos de cooperación, en la política, hay cooperación entre naciones, generalmente para el beneficio de cada nación particular; en los negocios, hay cooperación entre las empresas para el beneficio de sus integrantes; en la ciencia, existe cooperación para el desarrollo de alguna teoría, e incluso la sociedad actual en la que vivimos marcada por la era de las nuevas tecnologías no es más que un sin fin de proyectos colaborativos. En general, la sociedad misma que nos rodea y de la que formamos parte puede ser una fuente inagotable de conocimientos para todos, en la medida en que todos participamos en ella.

Volviendo a las palabras de Nash en la película, cada miembro del grupo hace lo mejor para él pero también lo mejor para el grupo, porque al igual que el instinto egoísta está en la naturaleza del ser humano también lo está el instinto de cooperación.

Por último, y en términos puramente económicos, hasta el individuo más egoísta puede descubrir que con frecuencia, cooperar con sus vecinos, redundará en su propio interés a medio y/o largo plazo.