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Autor: José Carreño García

El Producto Interior Bruto (PIB), es la variable más importante en el análisis del crecimiento económico. Sin embargo, el PIB es frecuentemente medido de forma muy pobre, especialmente en países en desarrollo, arrojando datos muy poco fiables. En las Penn World Tables (PWT), una de las recopilaciones estándar (y probablemente la más utilizada en la literatura aplicada) de datos de renta a nivel internacional, los diferentes países son clasificados como A, B, C y D en función de la calidad y fiabilidad de sus estadísticas oficiales. Pues bien, mientras que casi todos los países industrializados reciben una calificación de A, los países del África subsahariana son calificados como C o D, lo que quiere decir que sus datos están contaminados con un margen de error del 30-40%. En el peor de los casos, algunos países como Myanmar, Irak, Somalia y Liberia ni siquiera aparecen en las PWT.

Gran parte de esto es debido a la tremenda falta de recursos de sus agencias estadísticas estatales (cuando estas existen), e incluso a su falta de independencia. Lo que algunos investigadores han hecho es intentar usar variables proxi (o aproximaciones) al crecimiento del PIB, como pueden ser los cambios en el consumo eléctrico. Pero estos números también llegan desde las agencias estatales y están sujetos al mismo margen de error.

Para tratar de aliviar este problema, dos economistas de la Brown University, David N. Weil y J. Vernon Henderson, junto a su estudiante de doctorado Adam Storeygard, han propuesto, en un artículo de investigación (citado abajo) que saldrá próximamente publicado en la prestigiosa revista científica American Economic Review, una nueva variable proxi para la medición de la actividad económica: la cantidad de luz que puede ser observada desde el espacio exterior. En particular, se trata de medir los cambios en la intensidad de la luz artificial que un determinado país o región arroja por la noche, y usarlos en la estimación del crecimiento del PIB. Su investigación muestra una estrecha relación entre el crecimiento del PIB de un país o región y la intensidad en su uso de luz artificial: en promedio, conforme el PIB aumenta, las emisiones de luz eléctrica por la noche se hacen más intensas. “Cuando cae la noche, el consumo de casi todos los bienes y servicios requiere luz”, como escriben en su artículo, “conforme la renta se incrementa, así lo suele hacer el consumo de luz por persona, tanto para las actividades de consumo como en muchas actividades de inversión”.

Los datos sobre luz nocturna son recopilados por los satélites del United States Air Force Defense Meteorological Satellite Program, los cuales han estado recorriendo la tierra unas catorce veces por día y recopilando la intensidad de la luz terrestre artificial desde la década de 1970. Cada satélite recoge, cada día, todas las localizaciones del planeta durante algún instante comprendido entre las 20:30 y 22:00 en hora local, por lo que se trata, además, de un indicador inmediato. Estos economistas han creado un simple marco de análisis que combina las mediciones sobre luz nocturna con las mediciones sobre el crecimiento del PIB, con el objetivo de mejorar las estimaciones del verdadero crecimiento económico de los países menos desarrollados. Según ellos, no se trata de que los datos sobre la densidad de luz nocturna sustituyan a los números oficiales, sino de que, al añadirlos a los datos existentes sobre crecimiento económico que provienen de agencias internacionales como el , se pueda construir un mejor indicador del crecimiento real de estas economías. “Nuestra esperanza es que la gente comience a utilizar esto, bien cuando no existen datos reales sobre crecimiento económico o cuando, aun existiendo, son bastante malos y poco fiables”, escriben los autores. “Esta es sólo una manera de conseguir mejores estimaciones”.

Las primeras aplicaciones de este marco de análisis arrojan resultados, cuanto menos, curiosos. Aplicando este método a algunos de los países clasificados como D en las PWT, se han conseguido estimaciones completamente diferentes a los datos convencionales. Un ejemplo está en la República Democrática del Congo, cuyos datos oficiales muestran un crecimiento medio anual negativo de -2.6% durante el periodo 1992-2003, mientras que este método sugiere un crecimiento anual positivo del 2.4% en ese mismo periodo. El Congo parece haber crecido mucho más rápido de lo que reflejan sus estadísticas oficiales. En el otro extremo tenemos a Myanmar, con un estimador oficial de crecimiento medio anual situado en el 8.6%, mientras que este método sugiere sólo un 3.4% anual, durante el mismo periodo 1992-2003.

Storeygard, un estudiante de doctorado, puntualizaba en una entrevista para ScienceDaily que la investigación se basó en una colaboración real. “Weil está muy interesado en varios aspectos del crecimiento y desarrollo económico de los países subdesarrollados, mientras que Henderson está interesado en cómo medir el crecimiento económico a nivel regional o subnacional. Yo tenía experiencia usando datos geográficos y de satélites meteorológicos. ¡Se trata de una investigación que ninguno de los autores habría sido capaz de desarrollar de forma independiente!”.

FUENTES:

  • Henderson, J. Vernon, Adam Storeygard, y David N. Weil (2009). “Measuring Economic Growth from Outer Space”, forthcoming in American Economic Review.
  • Heston, Allen, Robert Summers, y Bettina Aten (2002) Penn World Tables Version 6.1. Downloadable Data Set. Philadelphia: Center for International Comparisons at the University of Pennsylvania.