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Autor: Miguel Ángel Alarcón Conde

El término Economía Social, después de algo más de una década desde que fuera propuesto por la plataforma de presión a nivel europeo SOCIAL ECONOMY EUROPE 1, es aceptado por la inmensa mayoría de los estudiosos del asunto, aunque no carece de controversia. Parte de la misma es consecuencia tanto de su significante como de la heterogeneidad de sus componentes. Éstos abarcan un segmento No Lucrativo o no de mercado, formado por Asociaciones,  y Entidades Singulares (como Cáritas, Cruz Roja y ONCE en España), y otro Lucrativo o de mercado, del que forman parte Cooperativas, Sociedades  y  y Empresas de Inserción (las dos últimas pueden adquirir formas de las anteriores citadas o gestionadas por las mismas).

Ahora bien, tras una reflexión sobre su significado, esencialmente el mismo en distintas geografías independientemente de ciertas matizaciones que no emborronan sus elementos compartidos, la controversia se suaviza. En las últimas tres décadas, más que indagar sobre caracteres comunes que ofrecieran un sentido unificador, se buscaban organizaciones alternativas a las tradicionales societarias, a modo de definición negativa: la economía social es lo que no es organización capitalista tradicional, proponiendo principios explicativos complementarios más que comunes al concepto o, paradójicamente, apoyar explicaciones con teorías revisadas del individualismo metodológico. Otro mundo era posible, como ahora, constatada la poca humanidad detrás de las consecuencias de la desregulación y falta de supervisión en ciertos mercados: polarización de producción, del empleo, de la renta y la riqueza, así como de sus variables derivadas.

Sin embargo, el término resulta que si va a tener, en su sentido más abarcador, una referencia común, como conjunto de actividades de producción de bienes y servicios que no tienen una prioridad en el ánimo de lucro (NPAL) sobre otras finalidades; entendiéndose el citado ánimo de lucro como el que se refiere a una finalidad personal o capitalista y no al lucro colectivo que sí sería parte implicada directamente en el concepto que se trata aquí. De ahí que Economía Social y Tercer Sector sean, indistintamente, significantes comunes para el mismo significado. Con todo, existen otros caracteres comunes que facilitan tanto una mejor comprensión del tema como el avance en su conocimiento, sustentados en ese principio de NPAL.

Hay controversia a propósito del significante, claro, la cual se puede resumir con la expresión: ¿social?… ¡toda la economía es social! 2. Es entonces cuando conviene reflexionar sobre el significado ‘ad-hoc’ de lo social. Primero, porque aquí se hace referencia a unidades productoras de bienes y servicios. Segunda, porque los dos segmentos mencionados de este Tercer Sector se unen en el tronco común del principio de NPAL. En España, por acotar espacialmente el tema, el conjunto de las entidades anteriormente citadas se corresponden con las mencionadas en la Ley 5/2011, de 29 de marzo, de Economía Social, que sienta las bases de su fomento y promoción, y reconoce, al fin, su presencia institucional. Sin embargo, su impacto a corto plazo se prevé limitado toda vez que las palabras fomento y promoción chocan de lleno con el entorno de austeridad actual. Conviene añadir que el interés creciente y reciente de la Economía Social se plasma no sólo en el término nacional, por esa Ley, sino también europeo, pues 2011 cerró como el Año Europeo del Voluntariado, y mundial, en tanto 2012 ha amanecido como Año Internacional de las Cooperativas proclamado por Naciones Unidas. En fin, que parece intuirse de qué va el asunto, a pesar de que las normas ni suelen explicar denominadores conceptuales comunes ni el sentido que hace a una heterogeneidad de entidades pertenecer a cierta categoría.

Así, y ante la falta de una escuela de pensamiento económico que acoja la explicación del concepto, los principios de la propuesta del Nuevo Institucionalismo Económico (NIE), escuela encabezada por Geodfrey Hodgson, y que debe diferenciarse de la Nueva Economía Institucional, especialmente de la que aún hace del comportamiento individualista uno de sus principios. Sus principios pueden encajar metodológicamente en la exposición del principio de NPAL, considerado éste como un hábito, concepto constructor de instituciones según esta doctrina. En efecto, las entidades que componen la Economía Social se caracterizan por un criterio ordinal de hábitos, en el que hay una anterioridad de los mismos por encima del beneficio pecuniario de finalidad personal. Se trata de preferencias basadas en el altruismo, la filantropía, el mutualismo, el cooperativismo, el trabajo reconfigurado en las decisiones de la propiedad del capital, o la solidaridad de la inclusión de ciertos colectivos en riesgo de exclusión económica y/o social. Hábitos empáticos mas que simpáticos. Nótese que la llamada Responsabilidad Social  de una empresa tradicional societaria puede representar tales valores, pero no “institucionalizan” esa no prioridad mencionada. No hay persistencia en los mismos (máxime en momentos de zozobra económica). No son anteriores al lucro personal capitalista; si lo fueran, esa entidad se vería perjudicada, tanto en la competencia vía reputación de entidades como por el agravio financiero que supondría no acceder a beneficios fiscales y subvenciones, accesibles para entidades cooperativo-mutualistas y sin ánimo de lucro en normativas a lo largo y ancho del Globo. En sentido contrario, la constitución de entidades de la Economía Social que escondan una prioridad en el ánimo de lucro personal sería descubierta; y las entidades serían expulsadas del campo de actuación habitual en el que son intrusas, de cualquiera de los dos segmentos. Y es que, las instituciones se forman a partir de hábitos, de manera que si no hay una consonancia entre la habitualidad de los mismos y la persistencia de la entidad, la entidad tiende a desaparecer. Por tanto, otro apoyo de la doctrina presentada es la economía evolutiva, que ayuda a comprender que si no hay adaptación de una entidad en un medio que tiene distintas prioridades, como la búsqueda de rentabilidad personal en medios donde la rentabilidad social es preferida, la entidad tenderá a extinguirse.

La propuesta metodológica de Hodgson también facilita la comprensión de porqué el principio de racionalidad económica individualista no es un principio adecuado para explicar qué es Economía Social, pues demostrar la inexistencia del beneficio colectivo o para otros sería negar la evidencia. En consecuencia, y frente a la ortodoxia, el NIE aboga por el principio de racionalidad limitada, un principio demostrado no sólo gracias a reflexiones abstractas sino científicamente por la neurofisiología, materia apropiada para la explicación más inmediata del comportamiento de los actos. Ranulfo Romo, candidato a Nobel de Medicina, demuestra que todo acto motor voluntario es inconscientemente involuntario, tal que todo acto consciente es inconscientemente elaborado. Incluso, decisiones individuales que maximizan la satisfacción y la ganancia no son racionales ni realizadas con la mayor información posible, toda vez que numerosos estudios, destacando los de Antonio Damasio o , concluyen que las decisiones individuales mantienen un componente emocional mayoritario por encima de la racionalidad aséptica; de manera que no hace falta acudir a argumentaciones desde casa, desde el pensamiento económico, como puede ser el concepto de información asimétrica de .

Así, las organizaciones de la Tercer Sector ofrecen distinta intensidad de bienes preferentes según qué tipo de entidad, siendo entidades privadas, a través de transferencias sociales en especie (TSE). Cuantificar las TSE de estas entidades nos hace tributarios de Lord Kelvin al “medir para conocer”, lo que ofrece visibilidad al sector. De esta manera, la Economía Social aporta a la Economía General el Valor Añadido bruto y Social de Explotación que generan; el Social, derivado principalmente de las contribuciones voluntarias de tiempo (trabajo voluntario) y en especie (donaciones de sangre, por ejemplo). Pero también contribuye el segmento cooperativo-mutualista con los diferenciales respecto al mercado del precio de la vivienda, de intereses, de salario con el objetivo de mantenimiento del empleo que practican cooperativas, mutuales y sociedades laborales; o la propia labor de inclusión socio-laboral de centros especiales de empleo y empresas de inserción en términos de diferenciales de salario citados antes. Constituyen una liberación de recursos antes oprimidos. Por tanto, según el mecanismo de asignación económica, la Economía Social pertenece más al sistema de contribuciones que al de precios. Las TSE hacen mayor al consumo final individual por encima del gasto final de los hogares, elevando el conjunto de bienes y servicios en términos de producto, renta o gasto por habitante. La presión de estudiosos y la rentabilidad política de la mención del término alimentan propuestas de cuantificación, faltas de homogeneidad internacional, a pesar de que los sistemas de cuentas nacionales no contemplan en su campo de medición la actividad de la Economía Social o Tercer Sector en sentido amplio.

En definitiva, que no están lejos de nosotros las aproximadamente 190.000 entidades de la Economía Social en España, fechadas entre 2005 y 2008 3 . Pesan un 6,1 por 100 del total de organizaciones y aportan en torno al 3 por 100 al PIB (casi un punto porcentual más que la aportación agraria). Por otra parte, participan del 7 por 100 del empleo, ofrecen más de 4 millones de voluntarios (que se convierten en unos 350.000 empleos que se “ahorra” el sector público para servicios sociales), y destinan entre 6.500 y 7.000 millones de euros a bienes preferentes a través del Excedente Social de Explotación (o TSE). Presencia muy notable, sin duda, de la que son componentes desde la AECC () hasta las asociaciones de vecinos; la FONCE (); las emblemáticas Cruz Roja, Media  o Cáritas a nivel internacional y su labor en ayuda humanitaria y social; la cooperativa  (Eroski y otras, con un peso estimado del 3,5 por 100 del empleo del País Vasco) tanto como las cooperativas agrarias o agroindustriales de nuestros pueblos; la mutualidad  como otras tantas de Previsión Social; ASPRONA, AFAEPS, R que R en el entorno de los Centros Especiales de Empleo o Empresas de Inserción, que hacen compatible sostenibilidad económica y social. Hasta la Bolsa de Nueva York fue una entidad sin ánimo de lucro entre febrero de 1971 y marzo de 2007, cuyos asociados (brokers y agencias) velaban por su funcionamiento. Ahora es una entidad lucrativa, NYSE Euronext, tras la fusión en abril de 2007 de la anterior entidad no lucrativa y el gigante Euronext N.V. que integraba electrónicamente el mercado bursátil de Bélgica, Francia, Holanda, Portugal y Reino Unido. ¿Es casual el contraste entre la “prosperidad” bursátil y económica antes y después de esa fecha (a excepción de la burbuja tecnológica)?. Y ahora, en sentido contrario, ¿por qué no proponer que las agencias de calificación sean privadas pero no tengan una prioridad en el ánimo de lucro de finalidad personal?. Serían asociaciones altruistas de todos los calificados…, y con iguales cuotas aportadas por y para todos, claro.


  1. Organismo que sustituye a la Conferencia Europea Permanente de Cooperativas Mutualidades Asociaciones y Fundaciones de noviembre del 2000, que proponía ya una concepción amplia del término. 
  2. La Economía Crítica brasileña residente en el CESIT (Centro de Estudios Sindicales y de Economía del Trabajo) del Instituto de Economía de la UNICAMP de Sao Paulo, avivó en el primer trimestre de 2010 este debate con el que escribe. Se discutió la correspondencia de su “Economía Solidaria” con esta “Economía Social”, pues no todas las entidades tienen la misma condición normativa en todos los países, quedando el término Economía Social y Solidaria como el más admitido en Latinoamérica. 
  3. J.L. García Delgado (dir.)(2009): Las cuentas de la Economía Social. Magnitudes y Financiación 2005, FONCE--Civitas, Madrid y J.L. Monzón y S. Murgui (2011): LAS GRANDES CIFRAS. DE LA ECONOMÍA SOCIAL. EN ESPAÑA. Ámbito, entidades y cifras clave. Año 2008, CIRIEC, Valencia.