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Autor: José Antonio Yeste Luján

En estos momentos donde todo lo que vemos, leemos, escuchamos tiene un cariz negativo o triste, me gustaría describir en estas líneas, el sentir de las personas de la calle, esas personas que son un numero de las estadísticas de cualquier organismo o empresa especializada en sondeos de opinión y que no se si alguna de ellas ha podido expresar su sincera opinión al respecto de la pregunta planteada. A mí nunca me han preguntado sobre el tema que pretendo escribir ahora, pero ni de este tema y de otros.

Mi caso es el siguiente, como el de muchos españoles estoy en paro. Hasta aquí nada nuevo. Somos más de 5.000.000 (cifra que da miedo solo escribirla). En dicha situación me encuentro desde hace un año y un mes, con lo cual ya me consideran parado de larga duración (un año es el mínimo temporal para que un parado sea considerado de larga duración). Además soy licenciado y con una experiencia de más de 10 años aplicando los conocimientos adquiridos en la universidad, lo que se supone que es un aval o garantía para el empresario que requiera de mis conocimientos. Hasta ahora solo es cuestión de buscar y tener un poco de suerte, si repito suerte, porque no solo es cuestión de apuntarte al INEM, Agencias Municipales de Empleo y cualesquiera organismo público o privado, útil o inútil para intentar que el periodo de inactividad sea el menor posible. En este proceso de búsqueda de la suerte, me gustaría dejar claro una cuestión fundamental y que creo que muchos con mi formación o sin ella estaremos de acuerdo: a nadie le gusta estar parado porque dicha situación produce efectos dramáticos en las personas que lo sufren, y sino pregunten a algún miembro de su familia que viva la situación, si pregunte, en muchos casos se produce hasta exclusión, pero eso es otro tema.

Con lo anterior quiero reflejar el hecho que uno se mueve todos los días para buscar un nuevo trabajo, una nueva oportunidad que te permita reinsertarte en el mundo laboral y poder desarrollar sus capacidades sociales e intelectuales. En mi caso he enviado más de 100 curriculum, he hablado con muchos empresarios que han tenido la educación de recibirme y decirme claramente que están bajo mínimos y que no es posible contratar ahora. Ese no al principio es un acicate para apretar los dientes y buscar más pero muchas negativas seguidas en este tiempo empiezan a minar cualquier voluntad.

Para seguir un guión, uno hace autoanálisis de cuales son sus carencias para que su incorporación en el mercado laboral sea lo más rápida posible. Así, empiezas a mejorar tu dominio del inglés (requisito indispensable para tener un buen curriculum, más inclusive que tener experiencia), buscas completar tu formación académica y te matriculas en un Máster Universitario de reconocido prestigio, reforzando aún más nuestro curriculum para que, una vez lo presentes en la empresa que ofrezca un trabajo de lo que sea, si habéis leído bien de lo que sea, por lo menos al responsable de recursos humanos de turno lo tenga un poco más complicado, que lo dudo porque muchos van a ser archivados en armarios o simplemente pasan a ser destruidos, su decisión de dar una respuesta negativa.

Este proceso que acabo de describir lo realizamos todos los que nos encontramos en situación de desempleo, lógicamente en función de nuestras posibilidades o formación, pero me gustaría matizar un factor que tenemos todos, con formación o sin formación, y que condiciona esa inserción laboral. Ese factor es la edad, si la edad. Yo tengo 40 años, madre mía ¡la edad perfecta para poder desarrollar y explotar todo lo adquirido!, pero ahí viene el problema. En la crisis de 1998 se dedicaron recursos para formar a los parados que surgieron de ella, pero en esta el caso es otro, hay muchas personas con formación académica de primer orden, ya sea recién licenciados como licenciados con experiencia con lo cual los planteamientos anteriores están bien pero algo falla.

Hace poco realice una entrevista para una empresa especializada de importante implantación nacional y que va a generar unos cuantos puestos de trabajo en esta ciudad. Hoy en día ya es un éxito, pero opino que estas empresas solo generan pan para hoy y hambre mañana, porque ¿alguien ha calculado o estimado también la cantidad de trabajos que va destruir? No hemos generado valor añadido y, por tanto, riqueza para nuestra ciudad, pero esto supongo que lo habrán valorado nuestros políticos municipales que son los que tienen sueldo fijo haya o no crisis, ya que cobran de lo que aportamos todos, aunque esto algunas veces parecen que lo olvidan.

Volviendo al tema de la entrevista, se produjo tras haber superado, o casi, los requisitos del perfil solicitado, donde la edad del aspirante era muy importante ya que, en un principio, estaba comprendida entre 25 y 35 años, con lo cual yo no estaría seleccionado. Al final, tras llamar al departamento de recursos humanos, me convocaron para una entrevista grupal (técnica muy utilizada por los departamentos de RR.HH. de estas empresas ya que les supone un ahorro de costes aunque luego los resultados que se pueden obtener de dichas entrevistas no sean los óptimos). Esta reunión resultó, en mi opinión, un auténtico fracaso por varios motivos, por los problemas planteados a resolver, los cuales no tenían nada que ver con el puesto ofertado, por el propio desarrollo de la entrevista, ya que es difícil determinar las cualidades de los candidatos, ya que estas técnicas parecen más luchas grecorromanas que técnicas de selección, y por los responsables que llevaron a cabo dicha entrevista.

En definitiva, quiero destacar que los que nos encontramos en situación de desempleo, seamos de la edad que seamos, no estamos en nuestras casas esperando que llegue un señor a la puerta ofreciéndonos el trabajo de nuestra vida. No, ni lo pretendo, pero en esta situación que nos toca vivir actualmente también quiero denunciar que, en muchas ocasiones, ni el empresario tiene claro lo que quiere para su empresa, o perdón, quizás si, quiere gente preparada que le cueste dos duros. Y esto creo que es un problema que nadie plantea pero esta patente.

Esto además enmarcado en un contexto en el que hay muchos llamados políticos municipales, autonómicos o nacionales, sean de la ideología que sean (ser de derechas o de izquierdas son términos tan arcaicos como los de la revolución industrial, donde si podía ser que tuvieran algún sentido, aunque en los momentos actuales opino que no) que comentan que hay cultura de subsidio, que la gente no quiere trabajar, o que se conforman con la situación que tienen. Me gustaría decirles que aún estoy por ver alguno de ellos en alguna cola de los organismos dedicados a cuestiones laborales, viéndoles acompañar a parados visitando empresas y observar las caras cuando no son recibidos, o cuando les dicen que lo sienten pero no tienes el perfil adecuado, o simplemente estamos reestructurando nuestra plantilla. Me encantaría verlos decir que se rebajan el sueldo o que trabajan gratis porque su función es de atención publica, verlos dejarse los sesos en cómo reconducir la situación, donde ni ellos mismos van a estar a salvo como dicha situación sea aún más dura para todos los que las estamos sufriendo en primera persona.

En esta situación uno da hasta donde puede, pero no puede dar más si las oportunidades son cada día menores. Gracias a todos.