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Autor: Héctor S. Marqueño Collado

Recientemente, en un documental sobre tráfico de órganos, una mujer rusa explicaba que tuvo que someterse a una operación. Poco tiempo después, y tras diversos dolores, se sometió a unas pruebas que mostraron que en esa operación, aparte quizá de realizarse el cometido de la misma, se le había extraído un riñón. Un riñón que, presuntamente, habría sido vendido en el mercado ilegal de órganos (por supuesto, a precio de oro) por el corrupto cirujano que le practicó la operación.

Los estudiantes de Economía sabemos que algunos de los primeros economistas fueron médicos (por ejemplo, el fisiócrata , médico del rey de Francia allá por el siglo XVIII). El funcionamiento del cuerpo humano, con sus flujos y sus órganos, presentaba similitudes con el de la economía, con sus intercambios de dinero y sus sectores económicos.

Y como ya sabrán, Grecia ha aceptado finalmente someterse a una nueva operación de rescate. Sus dolencias, gravísimas, alcanzaron tal profundidad que decidió hacerlo, pero para ello, el 12 de febrero aceptó firmar el documento que entre amenazas, el cirujano le servía. Un documento por el que Grecia donaba varios de sus órganos, de forma gratuita, al cirujano, para que este hiciese con ellos lo que quisiera. Y lo hizo aun a sabiendas de que la pérdida de esos órganos minaría aún más su salud en el futuro, por lo que no sería de extrañar que pronto cayese de nuevo en las manos del mismo doctor. Eso, si no le ocurría nada peor durante la operación.

En efecto, Grecia ha terminado por aceptar un ajuste que supondrá una bajada del 20% del salario mínimo, una rebaja de las pensiones, el despido de 15.000 funcionarios y una reducción del gasto que se añaden a todos los anteriores ajustes y privatizaciones. De lo contrario, la troika formada por el Fondo Monetario Internacional,  y el  no ayudaría a Grecia en el pago de la deuda de 14.500 millones de euros que vence el 20 de marzo. Es decir, de lo contrario, Grecia se situaría a las claras en la bancarrota. E incluso más: se vería despedida del euro. El ministro alemán de Finanzas, , advirtió de que si Grecia (y todos sus partidos) no se comprometían a llevar a cabo las medidas que debía realizar, entonces tendría que celebrar un referéndum sobre la salida del euro.

Sin embargo, Grecia, con unas finanzas muy enfermas y que no paran de debilitarse, parece condenada a volver y volver al médico hasta que llegue una difícilmente evitable bancarrota. Y sí, quizá ello conlleve la salida del euro. Tanto la bancarrota de un país del euro como la salida de uno de sus miembros es algo que afectaría a la credibilidad y confianza en una moneda que aspiraba a disputar al dólar el rango de divisa de referencia y de reserva. Pero al parecer, la percepción de los riesgos que ello implicaría se ha visto matizada tras dos años de especulaciones, que previsiblemente no acabarán en el corto-medio plazo.

Surge así una pregunta: ¿qué pasaría si Grecia abandonara el euro? En mi (humilde) opinión, todo depende de la forma en que esta salida se produzca.

Cuando se habla de que Grecia salga del euro, se suele pensar en que vuelva a la dracma, que era la moneda griega anterior al euro. Algo equivalente sería la creación de una nueva moneda con otro nombre, aunque fuese tan original como el de euro griego. ¿Qué supondría esto? Primero, debemos recordar que las monedas cotizan en mercados de divisas, y que su cotización depende de la oferta y demanda, de las ventas y compras de la moneda. Y estas, desde luego, dependen de la confianza que se tenga en una moneda. ¿Ofrecería confianza la moneda de una Grecia expulsada del euro? Evidentemente, no. No solo los mercados, los ciudadanos griegos correrían a cambiar sus ahorros en la nueva moneda (dado que los bancos cambiarían automáticamente los ahorros en euros por ahorros en nuevas dracmas) por otra que ofrezca más confianza, ya sea (fundamentalmente) el euro, el dólar, o la lira turca. La cotización de la nueva moneda caería estrepitosamente, lo que lanzaría a los griegos a sacar sus ahorros de las entidades bancarias y convertirlos en euros u otra moneda más estable. Si continuase el proceso, se produciría el colapso del sistema financiero griego y de la moneda misma. Con toda probabilidad, el gobierno griego, previendo dicha situación, decretaría un corralito (es decir, la prohibición de sacar más de una determinada cantidad de dinero del banco), incluso antes de que empezase a darse dicho escenario. Pero ello no evitaría una catastrófica depreciación, esta vez sí, a manos de aquellos agentes del mercado que no estuviesen atados de pies y manos como el pueblo llano. Una depreciación que, con todo, sería inmensamente menor que la que se produciría sin corralito.

Citi estima la posibilidad de que Grecia salga del euro en un 50%, calculando entonces la depreciación de la nueva dracma en un 48% en un año, concentrándose la mayor parte en los tres primeros meses. Yo diría que el campo de posibilidades de depreciación de una nueva dracma iría desde una gran depreciación, como la que Citi estima o mayor, hasta, en un caso extremo, una hiperdepreciación, acompañada de la primera hiperinflación en un país europeo en el siglo XXI, que supondría la destrucción total de los ahorros de los griegos y el más absoluto caos.

El escenario de salida del euro del que, no sé por qué, no se habla mucho es el de renunciar a una nueva moneda. Es decir, Grecia sale del euro porque renuncia a su presencia en todos los órganos de gobierno del mismo (de todos modos, ¿cuál era su influencia a la hora de marcar el rumbo de la política monetaria?) y, eso sí, renuncia a acuñarlo. Sin embargo, no lo sustituye por una nueva moneda, continúa considerando como moneda de curso legal el euro. Esto evitaría el descalabro nacional de una nueva moneda, si bien, seguirían unidos a la política monetaria europea para lo bueno y para lo malo. No sería el primer caso: Andorra, Kosovo y Montenegro tienen como moneda el euro desde su creación, sin acuerdo previo ni potestad para acuñarlo. Y si se piensa que ello es posible solo porque son países pequeños, debe recordarse que Ecuador tiene como moneda el dólar estadounidense. Por cierto, la población de Ecuador son 14 millones de habitantes, y la de Grecia, 11 millones. Así pues, este sería un escenario posible, y el menos malo de entre aquellos que pasan por una salida de Grecia del euro.