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Autora: Yoana Ríos

Quizás, el 2008 no fuera el año idóneo para empezar la carrera de Administración y Dirección de Empresas, aunque a día de hoy, tampoco pienso que lo sea. La palabra “crisis” ha marcado cada una de las clases y asignaturas de todos estos años, y aunque acabas por acostumbrarte, no puedes evitar sentir cierta sensación de incertidumbre cuando miras hacia el futuro más próximo. Al principio todo parece sacado del mismo libro con el que estudias cada tarde: párrafos y gráficos que te explican que la economía es cíclica y que, igual que sube, baja. Por eso no te preocupas y mientras ves el telediario a la hora de comer, le explicas a tu familia, alardeando de tu sabiduría económica, que lo que está pasando es natural, que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y que por algún sitio tendría que explotar esta burbuja de crecimiento y consumo. Si veías que tus palabras habían provocado un cierto interés al resto de comensales, les sorprendías con aquello de las subprime.

Pero ya han pasado cuatro años desde aquella imagen y la simple teoría comienza a transformarse en una cruda realidad.

Un desagradable panorama se avecina, en el que todos nos vemos involucrados, pasando por el vecino del segundo hasta la propia Universidad. No hace falta ser economista para darse cuenta de que estamos tocando fondo, que mucha gente comienza a pedir ayuda desesperada porque no encuentra manera de salir de este cuento trágico. Hablamos de familias, de trabajadores (tanto los que hoy pueden dar gracias por mantener su trabajo como los que forman parten de ese temido veintitantos), pero también de empresarios, pequeños y medianos, autónomos que han pasado más de la mitad de su vida luchando por un negocio y que hoy, se ven obligados a cerrar las puertas, porque no hay más alternativas, no hay más opción. Nuestras calles se han pintado de un color naranja fluorescente terrorífico que me recuerda a la misma noche de Halloween porque me transmiten la misma sensación de miedo. Empezamos con los “se vende” debido a la caída de demanda de la vivienda y miles de ventanas, todavía empolvadas con el yeso de la obra, colgarían el temido cartelito para no quitarlo en mucho tiempo. Poco después, el banco nos cerró el grifo del crédito y el paro comenzó a ser un destino obligado de muchos trabajadores, y el famoso cartel cubrió fachadas de todo tipo de edificios y portales, nuevos y no tanto. Los bazares asiáticos comenzaron a quedarse sin ellos y optamos por probar por el de “se alquila”, que se parecía bastante y quizás nos solucionaría algo. Hasta entonces, podíamos continuar paseando por la calle tranquilos, sin miedo, sin percatarnos de ellos, siempre que no mirásemos hacia el cielo.

Pero a día de hoy, han conseguido invadirnos, ya no podemos ignorarlos, porque el “se traspasa” brilla por cada calle, por cada avenida, por cada centro comercial de nuestra pequeña ciudad manchega. Aquella tienda de toda la vida, la pequeña frutería del barrio, el bar donde antes nos juntábamos todos a tomar una cañas, la peluquería donde la abuela pasaba la mitad de la tarde… ¿Qué ocurre? ¿Por qué en los libros no viene explicado todo esto? ¿Qué va a pasar con estos individuos compradores de aterradores carteles que no reciben respuesta? ¿No sería conveniente dar oxígeno al pequeño y mediano comercio para que puedan recuperar fuerzas y volver a contratar a gente?

Según la  (ATA), en Enero, la baja de trabajadores autónomos ha sido de 30.458, mientras que la cifra total en todo el 2011 fue de 32.579. Son datos alarmantes que suponen una pérdida media de 1000 autónomos diarios durante el primer mes del 2012. Estamos hablando de pequeñas fuentes de empleo, de pilares económicos diminutos que han trabajado junto a los más grandes igual de duro por sostener la economía de nuestro país. ¿Deberíamos seguir encabezando los informativos y ocupando las portadas de los periódicos con cifras de paro y déficit? ¿Nadie se está dando cuenta de que el sistema económico se desquebraja por todos lados? ¿Por qué no se plantea un verdadero rescate a este colectivo que ha llegado a generar el 40% del empleo total del país? No se debería, ni antes ni ahora, regalar chalecos salvavidas a los que puedan necesitarlo, cuando ya hay personas que se ahogan en el mar.

Sin voz ni voto en este circo, pero con el teclado bien pegado a mis dedos, sean bienvenidos ustedes a una nueva era: la era “TRAS-VEN-AL”