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Autor: Roberto Martínez

Vivimos tiempos difíciles en los que el que tiene un trabajo tiene un regalo, pero ¿a qué estamos dispuestos a llegar para tener un trabajo? Es interesante cuestionarnos a cuánto estaríamos dispuestos a trabajar para recibir nuestra paga mensual. Globalmente se aprecian innumerables diferencias. En Asia el trabajo es más importante que la vida social, en EEUU ocurre lo mismo. La realización personal, la superación intelectual para ascender en una empresa forma parte de la mentalidad de la gran mayoría de los países occidentales. En España, Italia, Grecia o Portugal no ocurre esto. Sí que es importante la superación en todos los aspectos o lograr un ascenso, pero nos preocupa también compaginar nuestra vida laboral con nuestra vida social. Ahora nos peleamos por un trabajo de 10 horas diarias pagadas como si fuesen 8 horas. Antes de la Gran Recesión cualquier persona que estuviese en desempleo se aprovechaba del sistema de remuneración pública, alargando el subsidio por desempleo hasta que saliese algo mejor. “Saliese” pero no buscar. Esperar a que llegue la oferta del trabajo soñado de 1.500€ mensuales por trabajar tus 8 horas de lunes a viernes y librar el fin de semana, para poder contribuir el sábado y el domingo a la locura de la sociedad de consumo en bares, tiendas de ropa, tiendas electrónicas, … Un ejemplo sencillo: si yo en 2007 trabajaba en Mercadona cobrando 1.000 euros mensuales y se me terminaba el contrato, con el subsidio de 700 euros no iría a trabajar a un Decathlon para cobrar otros 1.000 euros trabajando 8 horas, pudiendo estar en casa sentado en el sofá poniendo el cazo y esperando que se llene mes a mes. Lo bueno de esto, que se mejoran las relaciones familiares (o empeoran en algunos casos). Quiero decir que pasas más tiempo con tu familia, tu mujer, tus hijos, tus padres, tus suegros (desgraciadamente para algunos). Lo malo de esto es simplemente que es insostenible. No se puede estar chupando de las Administraciones Públicas por gusto. Muy pocos españoles están dispuestos a cambiar de ciudad por un trabajo con el mismo sueldo frente a seguir en su ciudad, me aventuraría a decir que ni con el alquiler pagado en la otra ciudad se cambiaría. Con lo bonito que es cambiar de aires y lo que enriquece personalmente la experiencia.

Llegamos al punto en que hay que distinguir que queremos en la región mediterránea: vivir para trabajar o trabajar para vivir. Este juego de palabras define claramente dos maneras de comprender el trabajo. Si nos situamos en EE.UU la gente vive para trabajar. Se levantan a las 6 de la mañana con una sonrisa se toman su “breakfast” y casi sin terminar de desayunar cogen el maletín le dan un beso a su esposa y salen a la calle pensando en los retos a los que se enfrentarán en su jornada laboral y pensando en cuánto quedará para su ascenso. Si nos situamos en España, nos levantamos a las 7 y media con cara de pocos amigos, nos duchamos e intentamos dormirnos en la ducha, desayunamos lo más lentamente posible, bajamos al bar y echamos un cafelito solo con un poco de coñac a ver si se nos cambia la cara. Como no se nos cambia vamos al trabajo cagándonos en el trabajo que tenemos y en lo aburrido que es y en lo bien que está Pepito o Juanito que es funcionario que gracias al enchufismo de nuestra sociedad tienen un trabajo de conserje en un pabellón por el que le pagan una cantidad “bonita” de dinero por no hacer prácticamente nada. ¿El ascenso? No queremos más responsabilidades, ¡para qué quiero yo que la paguen conmigo si algo sale mal!

Nos gusta más bien poco la responsabilidad, preferimos tener un sueldo fijo, cómodo y las típicas 40 horas semanales con derecho a 1 hora por semana o unos minutillos más (para algunos funcionarios es 1 hora por día) para almorzar.

Volviendo al juego de palabras vivir para trabajar o trabajar para vivir, espero que se note que en EE.UU se vive para trabajar. Un estudiante allí pasa los 5 primeros años después de sus estudios superiores pagando las becas que recibieron durante sus estudios. “Hipotecan” la prestación que recibieron del Estado y se comprometen a devolverla. Les interesa ser los mejores en todo, cobrar cuanto más para terminar de pagar y poder comprarse su chalet en la calle Windwood con jardín que cruza con la Chickenwood, seguir ascendiendo en la empresa a pesar de que el jefe los trate como si no fuese nadie pero que de vez en cuando le dice “tienes madera chaval”. El espíritu de superación es para mi gusto infinito.

En España se trabaja para vivir. Llegar a fin de mes con el sueldo necesario para poder cubrir la hipoteca (a la que no se debió meter), pagar la luz para que no te la corten, el gas, el agua, la contribución, las letras del coche, dar de comer a tu familia y por Dios que sobre algo para darte algún caprichito ya sean cinco gintonics o whiskys semanales en el bar con los amigos viendo algún partido de fútbol. Respecto a las becas a universitarios o cualquier estudiante de nivel medio, en ocasiones están bien entregadas pero en otras, por Dios es un regalo a quien no lo merece. Me gustaría un sistema de becas en el que al finalizar el curso si no tienes un mínimo de créditos o asignaturas aprobadas tengas que devolver una parte de la cuantía que el Estado te ha prestado (o seguir el plan americano).

Personalmente prefiero trabajar para vivir que vivir para trabajar. Pero no de la manera tan exagerada como puedo describirla. Trabajar a gusto (más o menos) con una responsabilidad media en el trabajo que el futuro me depare. Además intentaría ser ahorrativo que es otro problema que hay en España, adquirir deudas que podríamos no haber adquirido. Está claro que algunas son necesarias (si tienes que desplazarte necesitarás un vehículo) pero respecto a la vivienda, no me importaría vivir de alquiler. No me gustaría vivir agobiado teniendo que saber que tengo que conseguir ciertos resultados para conseguir un ascenso y poder “putear” al que está debajo de mí y hacerle pagar lo que yo pude sufrir. También me gustaría que el trabajo en el futuro fuese una jornada más corta, de 6 horas para así ser más productivo durante ese tiempo (o eso se supone que se consigue) tener tiempo para disfrutar con los mismos y claro está un salario inferior. Tampoco me importaría desplazarme donde fuese, aunque también me gustaría asentarme para poder tener un lugar fijo, “el hogar”. Pero, en España ¿es en España la solución la reducción de la jornada laboral al desempleo? Descendería el desempleo sí, también aumentaría la productividad. Pero en España culturalmente tenemos un problema. Las raíces tiran fuerte. A todos nos gustaría tener una casa como propiedad ya sea para fardar ante los amigos o para tener algo que dejar a tus descendientes. Nos gusta tener un sitio fijo para vivir. Eso en otras zonas de Europa (Alemania por ejemplo) no ocurre, ya que en Alemania lo que más se presentan son los alquileres y alquileres con derecho a compra. Da igual trabajar en una ciudad u en otra, mientras que en España a algunos ya les duele salir de su pueblo, cuanto ni menos mudarse de una punta a otra del país.

Desde que escuché a un profesor de la facultad decir que el problema de España y de su baja productividad laboral era la luz del Sol, no paro de cada día estar más convencido en que es así. Piensen en Inglaterra, allí el tiempo es la inmensa parte del año nuboso, raro es ver un rayo de luz en Londres. Y es cierto, la luz del Sol nos emboba, nos atolondra. Si hoy fuese un día soleado probablemente no estaría escribiendo esto y estaría recorriendo los bares de cañas con mi escueta paga semanal. El turismo en España se mueve porque en gran parte del año (salvo en el norte que se lleva la peor parte) el tiempo es soleado. El Sol anima a sacar una sonrisa ante cualquier tontería que te ocurra, el hecho de ver la luz del sol entrar por tu ventana ya te anima más que un día nublado. Luce más estudiar un día que haga mal tiempo que un día soleado que podrías aprovechar en el parque. El Sol te hace tener un humor diferente (de ahí la diferencia entre el humor inglés y el español). Pero también te hace ser menos productivo, desgraciadamente, pensar más en lo que podrías hacer con ese día que en lo que realmente deberías estar haciendo. Otro ejemplo de alta productividad son los países nórdicos y miren su clima, mientras que en nuestro país se lleva más el trabajo vago, la corrupción e intentar aprovecharse de los demás antes de que ellos lo hagan de ti.

La productividad laboral tiene una relativa dependencia, por tanto, con la cultura del lugar donde vivimos y también del espíritu y el ánimo de cada persona y este ánimo a su vez depende de razones climatológicas. Podría decir que en parte, la cultura y el clima harán que vivas para trabajar o trabajes para vivir.

Sabiendo todo esto, vivir para trabajar o trabajar para vivir, ¿tú que prefieres?