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Autor: Juan Gabriel Martínez Navalón

Hace cuatro años, cuando decidí estudiar “Administración y Dirección de Empresas” tenía muy claro para lo que quería este tipo de estudios. Mi gran meta era ser empresario, pero un empresario del siglo XXI, un empresario bien formado, que supiera bien cómo manejarse con la administración y capaz de abrir mercado al exterior.

Mi gran sorpresa fue cuando con poco más de diez días en la facultad, vi que la mayoría de mis compañeros de clase estudiaban esta carrera “Administración y Dirección de Empresas” para ser funcionarios. Yo no era capaz de entender como la única meta de tantos estudiantes pudiera ser ésta. El porcentaje era sorprendente. Si ésta, una licenciatura con tantas salidas y en general a la empresa privada, no era de esperar que tuviera tal porcentaje de futuros funcionarios, ¿qué sería de otras licenciaturas en las que casi su única salida seria trabajar para el Estado?

No me salían las cuentas y lo más sorprendente, como iba a sostenerse un país si la base de su económica “los empresarios” no tenían aliciente a serlo. Las administraciones ponían y ponen muchos impedimentos con tanta burocracia, por otro lado la vida de funcionario es un paraíso:

-Jornadas laborales irrisorias.

-Seguros médicos privados siendo trabajadores públicos ¿alguien puede entender esto?

-Surrealistas periodos vacacionales, días de asuntos propios que siempre se gastan y algunas bajas difíciles de justificar en empresas privadas.

-Contrato de por vida, aunque después no rindas en el trabajo.

Y un sin fin de beneficios más en comparación con la empresa privada.

Todo ha ido cambiando, con la llegada de la recesión económica, las plazas para nuevos funcionarios han empezado a desaparecer, debido a que las empresas Españolas no crean la suficiente riqueza como para que el país crezca o en su defecto se mantenga con el mismo nivel de bienestar. Por lo que uno de los pilares de la sociedad falla. Todos esos jóvenes estudiantes tienen que modificar sus expectativas de futuro, pero, ¿en quién fijarse? Ahora seguimos estando rodeados de funcionarios, ¿pero donde están esos empresarios como modelo a imitar? ¿Qué ejemplo cercano seguir?

Es conocido el dicho que dice que no hay mejor ejemplo para un hijo que el de un padre. ¿Ustedes creen que los estudiantes iban a pensar en ser empresarios cuando todo lo que les rodea les incita a ser funcionarios? ¿Por qué la población española iba a tener un gasto bien estructurado de sus rentas, cuando los gobiernos asesorados por muy buenos economistas despilfarraban el dinero?

“Un buen ejemplo es norma para un buen resultado, todo ha sido una cadena de imitación en esta crisis económica“.