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Autor: Luis Antonio López Santiago

La teoría económica neoclásica lo deja claro: cada trabajador cobra lo que se merece. En términos científicos, la productividad del trabajo determina el salario que cobran los trabajadores. Aunque formulada en el siglo XIX esta teoría continúa vigente en la actualidad, no sólo estaba en los manuales con los que estudiaron Microeconomía de Guindos y Montoro, sino que los estudiantes de Economía y Administración y Dirección de Empresa continúan examinándose de ella. Dentro del mismo paradigma, la teoría del capital humano, formulada por Gary Becker, da un paso adicional. Este Premio Nobel de 1992 nos dice que los trabajadores realizan inversiones en educación al principio de sus años de vida con el objetivo de aumentar su productividad y, posteriormente, cuando se incorporen al mercado de trabajo obtener un mayor salario que les permita cubrir los costes de formación.

Las medidas tomadas por el nuevo Gobierno en materia laboral están en consonancia con esas teorías: Necesitamos más Ratos y, por qué no, más Garcías. Más personas que sean capaces de aportar a su empresa 2,34 millones de euros, como Rodríguez Rato al frente de Bankia, y también a aquellos que sólo aportan seiscientos cuarenta y un euros al mes,  que conduce, como trabajadora de una ETT, el carrito del correo en la sede central de un banco. Por ello, entre el amplio paquete de medidas económicas tomadas en el Consejo de Ministros del 30 de diciembre, se ha decido no actualizar el salario mínimo interprofesional (SMI) ni tampoco limitar los salarios de los directivos de las empresas que han recibido ayudas por el gobierno (en la actualidad, y gracias al , sólo está bajo control del  la remuneración variable que reciben estos directivos). De nuevo la teoría ortodoxa nos es útil para justificar estas decisiones. El establecimiento de salarios máximos o mínimos genera un desequilibrio en el mercado de trabajo y, con ello, soluciones ineficientes. Además, el aumento de los salarios desplaza la oferta de trabajo que solicitan los asalariados, llevando a las tijeras de Marshall a una reducción del nivel de empleo. , otro conocido neoliberal que recibió el Premio Nobel en 1976, nos diría que el impacto de la actualización del SMI sería un aumento de la tasa natural de paro española. La cual, a los españoles, por designio de los dioses, les ha correspondido la más alta del mundo, conocido, excluimos las fronteras de Sión.

Sin embargo, ¿cuánto hubiera supuesto a los empresarios españoles la revalorización del salario mínimo? Si se confirma la previsión del gobierno de inflación de un 1% para 2012 y el SMI subiera con esa tasa, cada uno de esos trabajadores cobraría 6,41 euros más al mes (¡4 cafés en el bar de la esquina, un menú McDonald’s o una entrada de cine!). A escala macroeconómica los cálculos son los siguientes: 641 euros al mes, por 14 pagas (2 extraordinarias), por unos 200.000 trabajadores con SMI da como resultado una masa salarial de 1.794 millones de euros. El aumento de la masa salarial para el conjunto de esos trabajadores en el año 2012 habría sido de 17,94 millones de euros. En términos de subida salarial, 200.000 Garcías equivaldrían a unos 7,666 hipotéticos Ratos.

Piense ahora en la responsabilidad que recae sobre los hombros de nuestros 7,666 Ratos. ¿Qué hacer con esos 17,94 millones euros para sostener el empleo de la economía española? Si deciden gastárselo, tendrían que tomarse este nuevo año unos 20.000 cafés más, ir 2.500 veces al cine (esperemos que les guste el español) y consumir 3.000 Mc Menús más (les recomiendo intercalar un día ensalada y otro patatas deluxe, y el zumo de manzana, aunque no forma parte del menú). De esa forma sus rentas, por ser trabajadores altamente cualificados, permitirían mantener el consumo interior de la economía española y, con ello, el empleo de esos Garcías. Los cuales se descargarán películas en vez de ir al cine, siempre que el vecino no ponga contraseña a la red, que se llevarán al trabajo la Cola de Mercadona, en vez de tomar el Capuchino de , que comprarán alcohol chino los fines de semana para hacer botellón, si son menores de 24 años, y que irán al McDonnald’s sólo una vez al año, el día del cumpleaños de su hijo, aquellos que tengan entre 25 y 54 años, o de su nieto, los mayores de 55.

Aunque nuestros Ratos también podrían dedicar al ahorro esos 17,94 millones de euros. Ya se sabe, en la actualidad, gracias al excelente funcionamiento del sistema financiero, los ahorros fluyen hacia los emprendedores que, al invertir esos recursos, crean nueva riqueza y empleo. Aunque me van a permitir que dude de que esa sea su opción, tal y como dicen los mercados que están las cosas. Y nuestros Ratos, de mercados, seguro que saben un… rato. Quizás lo mejor que podrían hacer sería aportar ese dinero a sus SICAV, que digo yo que la tienen, y con el especular en bolsa contra la deuda española. Luego ya, cuando se hunda el euro, pagar como contribuyentes responsables un 1% de impuestos sobre sus ganancias y así ayudar al sostenimiento del sistema de bienestar español.

Ante el dilema planteado: ¿Qué haría usted si fuese Uno de los nuestros?