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Autor: Julián González Jaén

En estos tiempos revueltos, la posibilidad de conocer lo más rápidamente posible los devenires del día a día constituye un hecho muy importante tanto para el ciudadano común como para las diferentes organizaciones que conforman la sociedad.

Los distintos medios de comunicación nos vienen abrumando en los últimos años con un aluvión de información que con la masiva generalización en el uso de las nuevas tecnologías, fundamentalmente Internet, nos da la posibilidad de su modificación en tiempo real. Esta inmediatez es, sin duda, una ventaja fundamental en la calidad de los datos que se nos aportan, puesto que la relevancia de los mismos se incrementa de manera notable al disponer de ellos de manera rápida y eficaz.

Sin embargo, la premura en la misma puede convertir la información anhelada en desinformación de facto. Este fenómeno al que aludimos se viene produciendo, en lo que respecta a la información económica, a lo largo de los últimos años, sobre todo a partir del recrudecimiento de la actual crisis económica, y son varias las posibles causas del problema. En este sentido, la rapidez en la entrega de las noticias que han acaecido -con la falta de rigor en los conceptos aludidos-, la ampliación del horizonte geográfico del que entendemos que se debe de informar-el fenómeno de la integración de las economías hace que sean relevantes no sólo los hechos acaecidos en nuestro país y en nuestro entorno más próximo, sino que ahora debemos ampliar el horizonte a China y al resto de economías emergentes- y el aumento de la competencia informativa en los medios de comunicación tradicionales con la irrupción de los periódicos digitales y las posibilidades de actualización inmediata que estos ofrecen son algunos de los posibles orígenes del problema.

Al respecto, podemos poner algunos ejemplos que han tenido lugar en fechas muy recientes: En un noticiario televisivo se informa de que “el sistema de  se encuentra en situación de quiebra”, cuando realmente lo que ha ocurrido es que el sistema obtuvo en el año 2011 un déficit mínimo (668 millones de euros, seis centésimas del PIB), por cuanto que los gastos fueron mayores que los ingresos en este periodo. No podemos confundir ambos términos puesto que el Fondo de Reserva de las Pensiones -instrumento creado precisamente para evitar situaciones de “quiebra” como consecuencia de déficits continuados del sistema con la consecuente imposibilidad de atender las obligaciones pendientes- tiene como previsión cerrar el año 2012 con un saldo de 66.814 millones de euros (el 6,36% del PIB). Obviamente, las conclusiones obtenidas a partir de la información inicial pueden distar mucho de la realidad.

Otro ejemplo ilustrativo de lo anterior se observa también en un medio televisivo en el que se afirma que “en la Comunidad Valenciana, los funcionarios docentes no cobrarán los salarios correspondientes a las jornadas de vacaciones”, cuando realmente la información al respecto, detallada de manera más certera en otra cadena televisiva, revela que a los funcionarios docentes de carácter interino se les va a rescindir el contrato durante las vacaciones y, por ello, no percibirán el salario correspondiente a esas fechas.

La cuestión que nos debe de hacer reflexionar es si realmente los errores, las inexactitudes que se observan en la información publicada/comentada en los medios de comunicación de carácter generalista (en lo que respecta a cualquier tipo de evento y en los económicos en particular) se debe a alguno de los aspectos comentados anteriormente o hay alguna intención oculta (o manifiesta) que manipula o modifica el resultado final de la información. La veracidad de la información es siempre muy importante, pero quizá aún lo es más en situaciones de gran incertidumbre y nerviosismo derivadas de la crisis económica. La independencia y la objetividad de la misma se nos antoja fundamental.

Tal y como diría  en la película “El cuarto poder”, “una prensa libre es como una vida libre: un poco arriesgada”.