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Autor: Agustín Baidez González

La expresión contabilidad creativa, también conocida con los términos ingeniería financiera y contable, forma parte de nuestro lenguaje contable y consiste fundamentalmente, tras un conocimiento profundo de la normativa vigente, en aprovecharse de los vacios y lagunas de la misma. En consecuencia, ante diferentes posibilidades de elección, sin dejar de cumplir los principios contables, se pretende transformar la información contable que se presenta en los estados financieros y adecuarla en cierta medida a los intereses particulares, bien sea de la organización, de los directivos, de los inversores, o de otras partes interesadas.

Este tipo de prácticas pueden tener efectos perversos: pérdida de la confianza de los principios generales de contabilidad, pérdida de confianza en los consultores, auditores y analistas de inversión y, en definitiva el perjuicio final de los inversores.

Las razones por las que se ponen en práctica la contabilidad creativa son múltiples y, sin ánimo de relacionar todas ellas, destacamos las siguientes: la tendencia a mantener unos beneficios estables que permitan cotizaciones también estables en bolsa; maximización de beneficios cuando los directivos obtienen sus retribuciones en función de éstos ; ocultación de endeudamiento que dificultaría la financiación; el reflejo de pérdidas o beneficios controlados con la intención de diferir impuestos o en su caso poder subir precios si la entidad actúa con una tarifa regulada.

Son múltiples las técnicas utilizadas en la contabilidad creativa, siendo las más comunes las siguientes: aumento o reducción de gastos relacionados con amortizaciones o deterioros; aumento o reducción de ingresos en función del principio de prudencia o el de correlación de ingresos y gastos; aumento o reducción de activos valorando los inventarios con diferentes criterios; aumento o reducción de reservas consecuencia del aumento o disminución de ingresos y gastos alterando la relación entre deudas y patrimonio neto, con los consiguientes efectos sobre el endeudamiento o apalancamiento; creación de filiales para trasladar deuda y en su caso resultados; aumento o reducción de deudas utilizando a conveniencia las figuras de préstamos, leasing o renting; delimitación de la cantidad y calidad de la información contenida en la memoria y el informe de gestión.

La mayoría de los grandes escándalos contables han sido consecuencia de un uso y abuso de la contabilidad creativa. Casos en el ámbito mundial como , Parmalat, y más cercanos como Rumasa, Gescartera, Forum o Afinsa han puesto de manifiesto un mal uso de la contabilidad como sistema de información.

En la última década el sector financiero también ha sido sospechoso de utilizar técnicas de contabilidad creativa vistos los escándalos acontecidos en la últimas fechas, máxime cuando entidades que presentaban resultados contables positivos han acabado siendo intervenidas. Actualmente este sector, consecuencia de la permisividad de sus organismos reguladores, puede estar publicando cuentas que no son totalmente representativas de la realidad en relación a sus activos inmobiliarios, teniendo en cuenta que los deterioros aplicados no lo están como lo establece la esencia de la normativa en su versión más prudente.

En relación al sector público, también se ha podido observar en algunos casos recientes que las cuentas públicas han podido ser objeto de creatividad contable con intenciones diversas. Probablemente se ha pretendido la generación de confianza con buenas intenciones, pero a la larga se puede provocar un grave perjuicio para el contribuyente y una desconfianza por parte de los inversores.

Todo lo expuesto hace concluir que la contabilidad creativa se ha contagiado también al sector público, si bien la contabilidad creativa, como antes hemos dicho, no supone el incumplimiento de la norma sino su interpretación a conveniencia de los interesados. Cuando las técnicas utilizadas están al margen de la norma, no se habla de contabilidad creativa, en estos casos estamos ante falsedad o fraude.

Aquellos interesados en profundizar en este tema de la contabilidad creativa pueden consultar el libro de , (2002), titulado Contabilidad Creativa. El libro comienza con un Anónimo Veneciano que dice así: “Cuentan de un mercader que, deseando saber cuánto eran dos más dos, preguntó a un contable para que le ayudara a conocer la respuesta. El contable se le acercó y, después de comprobar que nadie les oía, le murmuró al oído: ¿Usted cuánto quiere que sea?”